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Archive for 26 agosto 2012


Era una bonita mañana de verano cuando tres pequeños, muy alegres, coincidieron en la piscina dispuestos a pasar un divertido día de piscina.

Se pusieron a jugar juntos pero pronto comenzaron las protestas de unos respecto a los otros: para peque jirafa era difícil jugar al fútbol sin acabar con dolor de cuello, a peque estrella su luz le delataba al esconderse durante el escondite y a peque champiñón no le llegaba la vista bien para jugar a las cometas con el sombrero en su cabeza…

Disgustados, fueron a sus madres: “No podemos jugar a nada porque somos tan distintos…”

Las madres se rieron y contestaron: ” Mirar a vuestro alrededor, ¿ no os parece triste no poneros de acuerdo para jugar en este bonito día? ¿Seguro que no podéis hacer nada juntos?”

Los tres rieron y de un salto se zambulleron en el agua y empezaron a jugar y a disfrutar.

20120826-152120.jpg

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150 palabras es una entrega dominical, creada por Marta, (DiarioDeAlgoEspecial) de una microhistoria o microrrelato, con la que podemos dar rienda suelta a nuestra creatividad, y enfocada a los niños. Te daré tres palabras de inicio, y habrá que crear un cuento. ¡de 150 palabras!
Después no te olvides de enlazar con el link aquí debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar.
Para conocer como nació esta idea de 150 palabras y las reglas, puedes hacer click aquí.
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Diario de Algo Especial
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Mamamedusi
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¡Mamá qué sabe!
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María Paradela (@mariapagar)
3.
una bichillo en casa
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Madespymas - Dandocoloralosdias
 
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“Soñar es gratis”.

No recuerdo el momento en que por primera vez escuché esta frase, y lo peor es que hasta hace muy poco tiempo, ¡me la creí!

Soñar, no es gratis, porque aunque nos sirve como motor para incentivarnos a hacer ciertas cosas con la ilusión de poder al final alcanzar alguna otra que consideramos nuestro sueño, también nos hacen emplear energía, destinar esfuerzos y sacrificios hacia un sueño que no siempre es finalmente alcanzable.

 

Fuente: lugares-sonar-porque-sonar-es-gratis-L-ZAMv6q.jpeg

Según las distintas etapas que vamos viviendo en nuestra vida, tenemos sueños nuevos, algunos alcanzables y otros no, algunos permanentes y otros no.

Entre los sueños permanentes: alcanzar la felicidad, conservar el amor verdadero, que los que queremos siempre estén a nuestro lado…

Entre los sueños nuevos y correspondientes a diferentes etapas: conseguir el amor verdadero, tener un trabajo que nos guste, formar una familia, hacer un viaje, tener hijos, aprender a hacer alguna actividad,  hablar idiomas, envejecer con nuestros seres queridos cerca, tener amigos para siempre…

El problema es que según vas pasando etapas, cumpliendo sueños, y dando otros por perdidos, te planteas si soñar merece la pena o es mejor no ilusionarse con aquellas cosas que difícilmente se van a alcanzar por más esfuerzo que se emplee a ello.

Pese a todo, en mi caso, como diría Calderón de la Barca “la Vida es Sueño” y no podría vivir sin tener un incentivo para ello, un gran sueño: que mi familia sea feliz, cueste  lo que me cueste, implique lo que me implique..

Y a día de hoy, sé que lo que me implica es alcanzar una vida conciliadora a nivel personal y profesional, cosa por la que luché y trabajé el año pasado y tendré que seguir en éste.

Y tú, ¿qué sueños tienes? ¿Son permanentes o nuevos y puntuales? ¿Podrías vivir sin sueños?

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“Querido/a…”

“Hola … “…

¡Qué ilusión me ha hecho siempre recibir cartas! Ya fuese de gente que hacía tiempo no veía, como de mis amigas del instituto a las que veía todos los días y hacía apenas unas horas que nos habíamos separado.

¡Por no hablar de los Christmas! Tan iguales que me parecen ahora y tan distintos que me parecían antes. Siempre creyendo que estaban elegidos para mí por ser yo, como yo hacía con cada uno que mandaba en función de a quién fuese…

¡ Y esas postales que llegaban en verano!, de esos amigos y amigas que nos mostraban cómo se acordaban de nosotros desde sus sitios de veraneo, ya fuese la playa o el pueblo de sus abuelos…  y que hacían que marcharte de vacaciones supusiese una visita previa al estanco por si luego no había sellos en el lugar de veraneo…

Puedo recordar el momento de abrir el buzón o que subiese mi madre con el correo y dijese que habías recibido algo a tu nombre… ese pequeño ritual de abrir, si era carta, sin que se rompiese más que lo mínimo el sobre, y sentarte a leer esas letras, a las que ponías voz en tu cabeza…  y entonces a preparar la respuesta para enviarla de nuevo. Según la persona en papel blanco, o en papel de colores, con bolígrafo azul ,o de colores… Ahí plasmabas tus sentimientos, ya alegrías, ya penas, de infancia, y las más de adolescencia…

Es curioso, releer de nuevo esas cartas recibidas y encontrarte a través de ellas con la realidad de aquellos años que tienes quizás un poco dormida.

De pronto te das cuenta de gente que ha ido desapareciendo de tu lado y que parecía que la necesitases como el aire para respirar en aquellos momentos. Cuya amistad parecía irremplazable, irrompible. Esas amistades que poco a poco se fueron enfriando, distanciando y hasta olvidando.

¡Ay! Esas amistades de verano que cuando volvías a casa parecía que te iban a volver loca con su ausencia tras haber compartido en apenas diez días “toda tu vida”. Nombres que al leerlos en un sobre te traen mil recuerdos a la cabeza. Sensaciones que viviste se reavivan por unos segundos. Los suficientes para hacerte sonreír y traer al presente un trozo de ti.

http://3.bp.blogspot.com/-acdch8EdCps/TVU5siURdMI/AAAAAAAAASk/yPl40jGAhcw/s1600/MIrandoAlPasado.jpg

Y entonces me encuentro pensando en la cantidad de cartas electrónicas que escribo ahora a amigos, y que recibo en contestación, y que quizás se pierdan en este espacio 2.0. En esos post del blog que hago, en los de otros que comento… en esos tweets diarios… Letras que no sé si se podrán recuperar dentro de unos años para traer a mi memoria a tanta gente apreciada y querida en estos momentos, ¿tantas sensaciones y emociones compartidas se quedarán perdidas y olvidadas en el limbo 2.0? ¿ Qué debería hacer para en unos años revivir momentos y sentimientos? ¿Imprimir cada correo personal recibido? ¿ Hacer copias de seguridad de los posts del blog y los comentarios a cada uno de ellos?

No quiero perder esa ilusión de recordar esos pequeños momentos al sentarme entre material antiguo cada vez que recoloque un armario. Y temo olvidar lo que he vivido en estos años de la llamada “era digital”.

Quiero, el día de mañana poder sentarme y leer esto que ahora tecleo, porque mi pasado me pertenece, porque mi pasado quiero que se haga algún día presente.

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Al mirar un bebé fácilmente notamos una cascada de sentimientos en nuestro interior. Ese pequeño ser parece tan completo y pleno y a la vez tan frágil que hace que se despierte en nosotros un sentimiento protector increíble, y de unas dimensiones inimaginables si además es tu propio hijo.

Pero esa fragilidad no es sólo exclusiva de los recién nacidos, de los bebés, de los niños, de los enfermos, de los ancianos… Ni mucho menos.

Según nos vamos haciendo mayores, vamos tomando conciencia de que nosotros también somos frágiles. Que ese adulto que parece tan resuelto y tan seguro de todo tiene pequeñas fisuras que lo hacen sentir frágil en muchos momentos de su vida, aunque no todos lo vean.

En el caso de las madres, el baile de hormonas durante el embarazo y en la fase de postparto, hace que nos volvamos en muchas ocasiones más frágiles de lo que los que nos rodean nos ven. Es cierto.

Pero con independencia de ese momento vital de la maternidad en nuestras vidas, cualquiera tiene épocas más altas o bajas de ánimo en el camino de su existencia.

El problema es manifestar esa fragilidad sin caer en la lástima, sin tener que mendigar un poco de atención, sin que piensen que es porque estás pasando una etapa “a”, “b” o “c”.

No todos estamos preparados psicológicamente para mostrarnos “débiles” ante el que está en frente nuestro. Ya sea porque hemos creado una imagen a nuestro alrededor de todoterrenos que pueden con todo pase lo que pase, pese a quien le pese, ya sea porque nadie nos quiere ver flojear porque eso haría tambalearse muchas situaciones que sacamos adelante.

Pero nadie puede con todo. Hay que aceptarlo. Todos necesitamos algún momento que otro bajar la guardia, notarnos arropados, protegidos, que tiran de nosotros, porque somos frágiles, y tenemos derecho a que nos acurruquen, nos protejan, nos den la mano. Tenemos derecho a sentirnos cansados, superados, tristes, agobiados… porque, repito,somos frágiles.

Sí, yo soy frágil, y pese a que me cuesta aceptar mis limitaciones en ocasiones, quiero contarlo, expresarlo, para tomar mayor conciencia de ello y tratar de aprender a reclamar esa atención que necesito y a la vez tratar de aprender a identificar las señales que los demás me lanzan cuando son ellos, sois vosotros, los que se sienten así: FRAGILES.

 

 

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Dulce silencio el que envuelve la casa,

Dulce silencio el que cada noche me regalas,

 

Imagen procedente de https://encrypted-tbn2.google.com/images?q=tbn:ANd9GcSg55T_ELWe84v5vMAM7icHnQ0vkV9ZLMLXKWBLaV_aILc5Vjy8

Dulce silencio el que siento a tu lado,

Dulce silencio del que hace tiempo me has rescatado.

Nota: por esos silencios compartidos que tanto nos ayudan a creer los unos en los otros.

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Siempre me han parecido curiosos los días señalados para conmemorar algo, porque el día del cumpleaños o aniversario, está claro que lo que se conmemora ese día es especial y único de ese día, pero los días dedicados a enfermedades, movimientos, etc… se me hacen más complicados de justificar, por qué ese día y no otro… Cierto es que muchos de ellos es porque ese día comenzó o tuvo lugar algo muy significativo respecto a ese acto celebrado.

En el caso de la  Semana Mundial de la Lactancia Materna nos tenemos que remontar a 1992 cuando fue instaurada oficialmente por la OMS/UNICEF . Desde entonces cada año ha tenido una serie de motivaciones para dar a conocer la importancia de la misma en este mundo que nos envuelve actualmente. Ver . Y aquí es curioso porque existe el día y la semana. Es cierto que es lo suficientemente importante para necesitar atención a esos niveles, aunque sería interesante que estuviese tan instaurada y respetada que no hiciese falta casi ni celebrarlo.

Es cierto que la experiencia de la lactancia es única. Y eso no debe olvidarse. El momento de tener un bebé en brazos, notar su respiración, ver cómo mueve la carita en la succión, es algo inolvidable. Hay madres y padres que lo pueden vivir y disfrutar vía lactancia artificial, y hay madres que lo disfrutamos  vía lactancia materna.

Me gustaría señalar que para mí ambos tipos de lactancia son y deberían de ser respetados, y aunque hoy este post es para conmemorar  la lactancia materna, no debemos olvidar el resto de lactancias existentes y no englobadas aquí porque detrás de ellas hay historias de todo tipo, y algunas con mucho sentimiento de culpabilidad detrás que, la verdad, como madre, no me habría gustado experimentar, porque ¿qué padres no querrían lo mejor para su bebé?

La lactancia materna, como he comentado, tiene ese halo de magia, o quizás debería decir de complicidad, en la relación mamá-bebé. Desde la postura, que en la mayoría de los casos lleva a un momento relax, hasta el convencimiento de que esa criatura  está siendo alimentada del modo más natural posible, sin nada artificial de por medio, con un alimento  a una temperatura perfecta;  pero también la lactancia materna tiene momentos duros hasta que se instaura y se nota al bebé siempre calmado tras la toma y hasta que esos pechos se acostumbran a esa succión continua y dejan de estar irritados, porque por más que se lea, se corrijan posturas y se consulte, hay unos días o semanas malos, o por desgracia eso es lo que he vivido yo en mí misma y mi alrededor. Pero es cierto que una vez instaurada es una gozada disfrutar de ella.

Yo he optado por ahora, en mis maternidades pasadas, por la lactancia materna en exclusiva hasta los cuatro meses, momento en que me he tenido que incorporar a trabajar, y mixta hasta cerca de los nueve meses. En esos momentos, parecieron cansarse de mamar. No sé cuál fue el motivo, pero lo cierto es que al ir introduciendo alimentos el pecho dejó de parecerles tan interesante y lo rechazaron. No sé cómo me irá esta tercera vez, lo que sí tengo claro es que he sido afortunada porque mis peques me han ayudado a llevarla a cabo y me han hecho sacar fuerzas de dónde creía no las tenía en esos momentos de irritaciones, grietas y dolores que pensé que no se podrían superar.

Esta es mi pequeña contribución para que todo bebé y toda mamá pueda tener opción al derecho de mamar, por una lactancia materna respetada instaurada y aceptada por la sociedad.

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