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Archive for the ‘Relatos’ Category


La pequeña miró hacia el suelo, no podía ser que hubiese un señor tumbado en el suelo con más cobijo que una caja de cartón sobre la que descansar y con la que arroparse con el frío que hacía en la calle.

– Mamá, ¿ por qué ese hombre está ahí tirado? ¿ por qué no se tumba en su casa? – preguntó la pequeña a su madre.

– Porque lo mismo no tiene casa cariño – contestó la madre

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– Pero mamá, ¿ cómo no va a tener casa ? Tendrá unos padres, o unos hermanos, o unos primos, o unos amigos… – insistió la pequeña

– Puede que los tenga, pero que estén en otra ciudad – le dijo la madre tratando de acelerar el paso y con voz amable

– Entonces, ¿ está sólo? ¿ y quién le da un beso de buenas noches y de buenos días? ¿con quién come y desayuna? ¿quién le va a ayudar si el viento se lleva sus cartones?

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La puerta se cerró. Echó el cerrojo y la llave. Miró al suelo. La cabeza le palpitaba. No podía ser. No había silencio. No, allí no.

Un segundo, dos segundos, tres segundos… El corazón palpitando. La angustia subiendo. Las lágrimas fluyendo.

Se dejó caer en el suelo. No era un sueño.

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Otra vez volvía a estar allí de pie, frente al espejo, erguida como una bella vara. ¿ Cuándo había sido la última vez que se había contemplado en el espejo? No era capaz de recordarlo: diez minutos, tres horas, veinticuatro horas, dos días…

Pasó delicadamente los dedos por el filo del espejo mientras se observaba y entregaba al momento…

Entrecerró los ojos, y notó que aquellos olores y sensaciones volvían a ella: Seguía la magia en el cuarto, seguía el sabor dulzón de la nata en sus labios.

Se autoabrazó, cruzando los brazos sobre sus pechos. Recordó sus besos en el cuello, bajando lentamente por su espalda, girando lenta y delicadamente por su cadera… hasta posar lentamente sus labios en el vientre.

Sonrió. Abrió los ojos. Miró el reloj. Estaba al llegar. Era afortunada. Lo sabía. Veinte años después seguía sintiendo una descarga eléctrica en su ser al pensar en él.

Dandocoloralosdias Madespymas

Dandocoloralosdias
Madespymas

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Para no cambiar el hilo de los post anteriores de mis publicaciones en el Iron Blogger Materno/paternal tras los nervios del comienzo y las inquietudes que se ponen de manifiesto por el entorno de nuestros hijos, esta semana vamos a comentar ese otro pilar escolar, esperando que nadie se sienta molesto o aludido: las valoraciones de los profesores de nuestros hijos.

Si hay algo que cada vez tengo más claro, y eso que otra persona no, pero el Santo me lo recuerda cada vez que tiene ocasión, es que toda historia tiene, al menos, dos versiones, y por ello, como mínimo, dos justificaciones.

De este modo, al empezar el curso, uno de los temas estrellas es quiénes serán el tutor y los profesores de tu hijo.

Cuando asignan a tu hijo un profesor y/o tutor, de pronto se encienden en tu cabeza mil y una alarmas ( aunque lo cierto es que a mí estás alarmas no se me encendieron hasta que a la peque mayor, en eso de primero de primaria le tocó una tutora para la que mi hija ” iba a tener problemas si no cambiaba de actitud”. Recuerdo salir de aquella tutoría sintiéndome como la madre de una delincuente en potencia, yo que veía a mi pequeña tan espabilada y extrovertida. Sin ningún problema de adaptación ni de relación con compañeros y profesores en la guardería y en el segundo ciclo de infantil… De pronto parecía que la pobre iba de cabeza al programa de “Hermano Mayor” . Menos mal que como solemos ir juntos a la mayoría de las tutorías el Santo relativizó y … la buena señora se prejubiló al terminar el primer trimestre!( Debo decir que después la ha tenido en varias asignaturas de apoyo y la quiere un montón “¡ Qué buena niña es !. Si supiese la buena señora el disgusto que me dió…)

Desde entonces las tutorías empezaron a darme miedo, no dejaba de preguntarme si quizás no veía a mis hijas como realmente son, ser una de esas madres que tienen una venda en los ojos ante la realidad de sus hijos para poder ayudarles … Si es que necesitan ayuda.

Pero tuve suerte. La niña era muy movida. Pero los siguientes tutores supieron hacerse poco a poco con ella y controlar ese deseo de moverse (que se traducía en visitas al baño o a la papelera para sacar punta…) y de hablar. Esa actividad la fueron pausando, lo tradujeron en aprovecharlo para pequeños recados, pequeños repartos de material en clase… Ese torbellino de energía había que canalizarlo, tal y como tratamos de hacerlo también en casa.

Así,volviendo al tema de los tutores y/o profesores, he de decir que hay tantas opiniones sobre ellos, por lo general, como padres opinen. Y es más, el mismo padre puede opinar una cosa para el mismo tutor/profesor según el hijo y/o año en que le haya tenido, como es mi caso. Ha habido algunos que me han gustado desde el principio y otros que en su día no me gustaron, pero que el paso de tiempo me ha hecho darme cuenta que en su día no los juzgué objetivamente porque los resultados o comentarios no me gustaron, y otros que no me gustaron y pasados los años siguen sin gustarme.

Este inicio de curso he oído a padres agradecer que su hijo no esté con tal o cual profesor. Los motivos por lo general, son diferentes a los míos. También he oído a padres ensalzar a un profesor porque levanta la mano en los exámenes o pruebas y es tranquilo, cosa que a mí me hace poner en alerta. Que sea majo me parece estupendo, que levante la mano, pues no. Al colegio se va a aprender, y eso se tiene que exigir, ¿no? Pero bueno esto daría para otro post.

Y tú, ¿ cómo ves a los profesores de tus hijos? ¿ te preocupa u ocupas de conocerles?

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Nota: este post pertenece al reto Iron blogger promovido por Y papá también anímate y únete!

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El inicio del curso nos llena de nervios a todos como comentamos anteriormente.

Esto es así tanto por lo que trae de novedad, por lo que supone a la vez a adaptarse de nuevo a rutinas, como por lo que nos deparará a nivel de profesores, tutores, demás personal docente así como de la comunidad educativa, incluidos los compañeros que se relacionarán con nuestros hijos.

Y es que si en los primeros meses y años de vida del pequeño notas que se te rompe el corazón al dejarlo al cuidado de un tercero, cuando van creciendo el corazón no está mucho más tranquilo.

Por un lado está el tutor que le tocará, si sabrá llegar a tu hijo y sacarle lo mejor o tendrá una relación aséptica con él tanto para bien como para mal.

Por otro lado están el resto de profesores. Esos que todos los días estarán con ellos pero con los que apenas tendrás contacto salvo que así lo solicites, y dependerá de los centros.

Como no, ese personal de apoyo: de comedor, o que cuida los patios, auxiliares… Sabrán cuidar y proteger a mis pequeñas? Porque seamos realistas, pasar casi ocho horas diarias es mucho tiempo, y no nos engañemos, hay mala gente a edades tan tempranas que pueden hacérselo pasar tan mal… Porque una se empeña en pensar que sus hijos van a un lugar seguro, porque por eso se buscó y eligió ese centro en su día, pero luego de vez en cuando te vas enterando de cosas que no te hacen sentirlo así…

Empiezas a oír hablar de la figura de policía tutor, de seminarios o charlas sobre sustancias y/o hábitos tóxicos, y los pelos se ponen de punta, y piensas que tus pequeñas crecen y muy rápido, y que no quieres que conozcan ese mundo de miedos y temores, de “malvados” y aprovechados…

Y en tu cerebro saltan mil y una alarmas poniéndote en alerta y avisándote que esto de la maternidad es más complejo y duro de lo que leías en aquellas revistas de embarazo y post parto…

Cierras los ojos, cruzas los dedos, y deseas con todo tu corazón ser capaz de transmitirles los valores adecuados para que sepan elegir y optar correctamente y vivir en el lado “bueno” de este mundo al menos este curso…

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Nota: este post pertenece al reto Iron blogger promovido por Y papá también anímate y únete!

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La pequeña sonrió al ver la pila de libros, cuadernos y lápices de colores que se amontonaban sobre la mesa del comedor.

Parecían tan grandes desde allí abajo mientras ella estaba de puntillas asida a la mesa mientras sus ojillos sobresalían por el borde… No llegaba a tocarlos, y tenía tantas ganas…

Recordó la pequeña banqueta que usaba para llegar al lavabo y pensó que con ese pequeño peldaño podría llegar a tocarlos.

Salió corriendo pasillo a través, con una mirada pícara y

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Tic-tac, tic-tac, tic-tac…

Joanna levantó la mirada de nuevo hacia el viejo reloj de la abuela y descubrió que seguía faltando mucho rato para que su hermana apareciera.

Bajó los ojos . Se quedó contemplando la colcha que había retomado como labor ese verano. La había encontrado entre las cosas de la abuela en la caja grande que estaba al fondo del armario.

Su olor, su tacto la hacían transportarse a aquellas horas que compartió con ella. Aquellos comienzos de esa colcha en compañía de su abuela, su hermana y sus primas.

Cogió la aguja de nuevo, la enhebró con el hilo color miel, acercó el patrón del bordado, y retomó la costura en el punto que lo había dejado:en la pequeña abeja que revoloteaba sobre las bonitas flores ya bordadas.

“Y aquí pondremos la abeja , ya veréis, más de uno intentará quitarle de la colcha de lo real que quedará!”

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