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Posts Tagged ‘miedo’


La puerta se cerró. Echó el cerrojo y la llave. Miró al suelo. La cabeza le palpitaba. No podía ser. No había silencio. No, allí no.

Un segundo, dos segundos, tres segundos… El corazón palpitando. La angustia subiendo. Las lágrimas fluyendo.

Se dejó caer en el suelo. No era un sueño.

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No siempre se puede ser políticamente correcto. No siempre se debe ser políticamente correcto. No siempre se quiere ser políticamente correcto.

Respeto. Tolerancia. No son valores en alza.

Hay momentos en que tenemos que cerrar los ojos, los puños, la boca… y contener todos nuestros impulsos para evitar quedar en evidencia ante los que nos rodean. Porque podemos dar una imagen muy diferente a la que los demás tienen de nosotros. Y eso nos asusta. Nos da miedo. O debería de dárnoslo.

El “yo soy así” impera demasiado a nuestro alrededor. Incluso en nosotros mismos. Es por ello que en ocasiones tengamos que tomar aire y tratar de relativizar reacciones, miradas, gestos, palabras para no hacer daño, no comenzar una pelea…

Pero no nos confundamos, no todos nos cuestionamos al de enfrente.

Esto lleva a que después de estos comportamientos las cosas ya no vuelvan a ser como antes. Porque ante una falta de respeto, ante una manifestación de intolerancia hacia una idea, o manera de pensar del otro , algo muy fuerte se rompe en una relación y es difícil volver a tener libertad para mostrarse con confianza tal y como uno es, ¿ no crees?

¿Tú cómo lo ves?

Fuente Imagen: http://2.bp.blogspot.com/_ZmNZKSzAt1Y/TKii5HLnV3I/AAAAAAAABXA/OMj9klteErg/s1600/tolerancia4.gif

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Al mirar un bebé fácilmente notamos una cascada de sentimientos en nuestro interior. Ese pequeño ser parece tan completo y pleno y a la vez tan frágil que hace que se despierte en nosotros un sentimiento protector increíble, y de unas dimensiones inimaginables si además es tu propio hijo.

Pero esa fragilidad no es sólo exclusiva de los recién nacidos, de los bebés, de los niños, de los enfermos, de los ancianos… Ni mucho menos.

Según nos vamos haciendo mayores, vamos tomando conciencia de que nosotros también somos frágiles. Que ese adulto que parece tan resuelto y tan seguro de todo tiene pequeñas fisuras que lo hacen sentir frágil en muchos momentos de su vida, aunque no todos lo vean.

En el caso de las madres, el baile de hormonas durante el embarazo y en la fase de postparto, hace que nos volvamos en muchas ocasiones más frágiles de lo que los que nos rodean nos ven. Es cierto.

Pero con independencia de ese momento vital de la maternidad en nuestras vidas, cualquiera tiene épocas más altas o bajas de ánimo en el camino de su existencia.

El problema es manifestar esa fragilidad sin caer en la lástima, sin tener que mendigar un poco de atención, sin que piensen que es porque estás pasando una etapa “a”, “b” o “c”.

No todos estamos preparados psicológicamente para mostrarnos “débiles” ante el que está en frente nuestro. Ya sea porque hemos creado una imagen a nuestro alrededor de todoterrenos que pueden con todo pase lo que pase, pese a quien le pese, ya sea porque nadie nos quiere ver flojear porque eso haría tambalearse muchas situaciones que sacamos adelante.

Pero nadie puede con todo. Hay que aceptarlo. Todos necesitamos algún momento que otro bajar la guardia, notarnos arropados, protegidos, que tiran de nosotros, porque somos frágiles, y tenemos derecho a que nos acurruquen, nos protejan, nos den la mano. Tenemos derecho a sentirnos cansados, superados, tristes, agobiados… porque, repito,somos frágiles.

Sí, yo soy frágil, y pese a que me cuesta aceptar mis limitaciones en ocasiones, quiero contarlo, expresarlo, para tomar mayor conciencia de ello y tratar de aprender a reclamar esa atención que necesito y a la vez tratar de aprender a identificar las señales que los demás me lanzan cuando son ellos, sois vosotros, los que se sienten así: FRAGILES.

 

 

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No mires mis ojos si no estás preparado para ver el olvido que los ha inundado,

no cojas mis manos si no estás preparado para soportar mi llanto,

no busques mi boca si no estás preparado para oír mi congoja,

no toques mi pelo si no estás preparado para notarlo a cero,

no pronuncies mi nombre si no estás preparado para olvidarl0,

no me llores si no estás preparado para dejarme marchar.

NOTA: Por ese día que no te lo podré decir, por todos aquellos que hoy ya no lo pueden decir y alguna vez lo pensaron.

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Apenas ha pasado poco más de un mes y no dejo de darle vueltas a la siguiente afirmación “ Tú eres la que vas a tu ritmo”.

Leída así, sin más contexto, puede parecer que soy una pasota de la vida, que hago las cosas cuando quiero, a mi aire, sin tener en cuenta las pautas de esta sociedad, de mi familia, del trabajo…  Vamos,  que sea el contexto que sea,  parece una actitud negativa por mi parte.

Sin embargo, en el contexto que tuvo lugar, me dio por echarme a reír junto con mi marido, en el momento en que el ser que las había pronunciado se marchó.

Bueno, os sitúo.

Hace apenas un mes, tuve a mi tercera hija en la misma maternidad que a las dos anteriores, aunque he de decir que desde que naciesen la primera y la segunda, hasta ahora, las cosas han cambiado bastante allí. Ahora siguen el protocolo al nacer de piel con piel y, a diferencia de las otras veces, según salió al exterior mi princesa me la pusieron encima y allí estuvo salvo apenas unos minutos… Recuerdo salir del paritorio con ella cogidita en brazos, bajo la sabána, conmigo… bueno, esto sería tema de otro post.

La verdad es que las matronas de la preparación al parto y la que me atendió el mismom, eran muy prolactancia materna y como yo iba concienciada como en los otros dos a darle el pecho, pues todo perfecto, todo iba a ser más sencillo y relajado que la primera vez… pero me equivocaba, menos mal que como he dicho es la tercera.

A diferencia de con la primera, que era cada tres horas la pauta, aunque debo confesar que he llegado a la conclusión que al final siempre lo he hecho a demanda, con ésta tenía claro que adiós relojes, y como las matronas habían también comentado que esto era lo más indicado para la peque nada más nacer, pues ahí estaba yo cada vez que la peque pedía, con el pecho a su servicio…

Pero claro, no caí yo, con que una cosa es lo que piensa e indica la matrona, la pediatra, y otra la que dan por hecho y tratan de imponer las enfermeras y auxiliares de turno, porque no todas son prolactancia, y de las que lo son , no todas lo son de a demanda… y entre las que son de la escuela de las tres horas, y las que no lo son,… pues bueno, a estos grupos desde luego no les gusta que nadie venga a trastocar sus horarios de baños, de mediciones, de tomas de temperatura, de curas , de recogidas de bandeja, etc…

Todo empezó, porque la primera mañana preguntaron por la frecuencia de heces y micciones de la peque. Pues bien, en cada toma, contesté. Después vinieron a lavarme y yo estaba con la peque al pecho: “ pero bueno, esta niña estaba cuando te miré la temperatura y otra vez la tienes, no ha pasado ni una hora, tú  verás acabarás por hacerte grietas, es cada tres horas, no te acuerdas?”… y bueno, así , comentarios varios, tanto por enfermeras como por auxilires…  Pero por la tarde-noche  ya fue la gota que colmó el vaso: “ ¿ ha hecho la niña deposiciones y miccionado a las tres, a las seis, a las nueve?”  a lo que mirándole con cara de qué me estás contando, contesté: “ Pues a esas horas no sé, pero cada vez que la he cambiado tras el pecho sí”, y ella replicó “ Ah! Ya! Que tú eres la que vas a tu ritmo” .

En aquel momento me reí. Y aún ahora al recordarlo me sonrío. Pero pienso en lo mal que lo pasé de primeriza con tantos comentarios tan cruzados, con tantas dudas, tan perdida como me encontraba, y lo siento por el resto de primerizas que lo pasarán tan mal como lo pasé yo.

Esta vez sabía que la leche me tardaría en subir. Sabía que un bebé se cansa de mamar y se duerme y al ratito se despierta aunque no hayan pasado tres horas, y vuelve a mamar, a cansarse y dormirse… al menos mis tres bebés han sido así. Sé que en mi caso un biberón de refuerzo, después de ponerla al pecho, dentro de las primeras cuarenta y ocho horas no echa por tierra la lactancia materna…

Pero claro, todo esto lo sé porque YO VOY A MI RITMO!

Y también sé que es fácil opinar sin pararse a cuestionar el efecto que eso puede tener en el de enfrente. Y en el caso de las madres y padres primerizos, tiene un efecto devastador. Porque por muchas ilusiones que se tengan puestas en el bebé que llega a este mundo, de pronto entran dudas, miedos, temores, inseguridades… al tener ese pequeño a tu cuidado ya para siempre; y cuando ves que el personal con el que compartes las primeras horas de vida de tu hijo tiene actitudes y opiniones dispares, eso hace que aumenten aquellas. Imagino que esto es herencia de las distintas corrientes en neonatología que han existido en los últimos años, y que en breve, todo el personal sanitario tenderá a la misma filosofía y se unificarán criterios dentro de los hospitales y clínicas.

Lo espero por el bien de todos aquellos “primerizos” que seguirán siempre existiendo.

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¡Qué sencillo parece todo cuando le ocurre al de enfrente!

¡Qué fácil y clara es la opción a seguir cuando es otro el que tiene que dar el paso!

En estos días de tanto lío interior y exterior, me cuesta tomar decisiones, porque de pronto cada una de ellas parece no tener fin en cuanto a alternativas. Parece que todo llevase a un proceso largo e inacabable, con cientos de variables que apreciar y valorar, y claro eso acaba agotando…y a veces hasta casi paralizando, haciendo que me plantee la misma cosa una y otra vez, pero sin terminar de ponerla en marcha, sintiendo que se me van las energías dándole vueltas a los mismos asuntos, ¡y no estamos para derrochar energía, que cuesta mucho acumularla!

 

Pero ya sabemos que:

–         la vida está llena de buenos propósitos en esos momentos que podemos sentarnos y pensar, que lo complicado es luego ponerlos en práctica porque el día a día nos come con su inercia.

–         en ocasiones ese paso necesita de mucha voluntad nuestra pero también de un poco de apoyo del pequeño mundo que nos rodea, ya sea familiar, ya sea laboral, ya sea social, y no siempre se tiene la humildad para pedir ese apoyo o ayuda.

Así que aquí estoy a ver si soy capaz con un poco de reflexión y tranquilidad de poner en orden todo eso que tengo que hacer, quiera o no, para organizarlo por prioridades reales y/o fechas; para ver si de una vez por todas esto empieza a tomar forma antes de que sea demasiado tarde debido a ese pequeño ciclón que está por llegar y va a tratar de poner todo patas arriba de nuevo, porque temo llegue antes de lo previsto y me pille sin los deberes bien hechos.

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El día a día de una persona es muy diferente en función de la situación vital en que cada uno nos encontramos, del punto de planeta habitado y de  la cultura que nos rodea… y de muchas más variables, por supuesto.

Al tratar de buscar un punto de partida común, es cierto que resulta una labor compleja.

En ocasiones leemos, o escuchamos, un montón de conceptos como bienestar, calidad de vida, conciliación, realización personal, igualdad… Asimilarlos en nuestro día a día como persona, es harto difícil y, como no, subjetivo.

No podemos evitar compararnos con la gente que consideramos que está en una situación vital similar a la nuestra. Pero a nivel familiar? A nivel laboral? A nivel personal? Y por qué no: a nivel emocional?

Tenemos personalidades tan complejas que, una misma persona, dependiendo del estado vital en que se encuentre los conceptos antes mencionados los puede vivir de distinto modo.

Se me viene a la cabeza una madre recién estrenada. Que no deja de recordar todas esas cosas leídas y/o escuchadas en clases de preparación al parto, o vía consejos de sus mayores, amigas “experimentadas”, etc. Y de pronto su cuerpo con un desequilibrio hormonal tremendo, sintiendo que no da para más, con las 24 horas del día que son un mini bucle que nunca acaba, y pensando que no vale para eso… No se plantea ni bienestar, ni calidad de vida, ni conciliar, ni mucho menos realización personal gracias a esa maternidad que está disfrutando; si acaso, se plantea la igualdad pensando que dónde queda esa igualdad que la hace estar todo el día en una contrarreloj intensa por sacar un minuto para una ducha, para quitarse esos malos pelos de la ceja o tener un segundo para hacer una llamada a ese mundo exterior que sabe que existe, y recuerda haber visto a otras mamis y papis que disfrutan cambiando pañales, o yendo a la compra o saliendo a tomar un café para pegarse unas risas… y en seguida un sentimiento de culpa porque no está dando masajes a su pequeño, por no estar disfrutando al máximo de esos primeros momentos de su bebé, por no tener fuerzas para llegar a la puerta de casa para dar un paseo… sólo deseando que llegue su pareja para compartir esa angustia y responsabilidad y sentir que aunque no iguales, sí comparten ciertos miedos e inseguridades.

Otro flash: una madre de mediana edad. Con esos hijos preadolescentes, de apenas 8-10 años. Ha conseguido mantenerse en el puesto de trabajo que tenía antes de ser madre, pero las cosas han cambiado: esa menor disposición a horarios interminables, a esas reuniones a horas tardías, acaban pasando factura. Piensa en el bienestar que ese trabajo permite mantener a su familia, aunque sabe que no vive con calidad de vida porque levantarse a las 6.30 de la mañana y llegar no antes de las 17.30-18.00 a la casa, no es calidad de vida. Se siente afortunada porque por lo general no tiene que trabajar por las tardes fuera de casa y puede compartir ese tiempo con sus hijos para ayudar en deberes, para escuchar todas esas cosas que se van soltando sin más en una merienda, un recoger un libro… esa preocupación, ese agobio que a ciertas edades son un mundo y sólo la edad, la experiencia y la distancia nos hacen relativizar. Al pensar en la conciliación, su cerebro empieza a bullir. No cree estar conciliando. O si lo que hace es conciliar, no le da la paz que ella cree que debería tener. La igualdad ni siquiera se para a cuestionarla. Igualdad respecto a quién? Respecto a qué? Sólo sabe que es relativamente feliz porque aunque va todo el día corriendo la mayoría de ellos puede estar con sus hijos en casa a una hora prudencial. No es quizás la casa que ella habría pensado al imaginar su calidad de vida y bienestar años anteriores,  pero es su hogar.

¿Podría ser esta mujer la misma? ¿Podría ser esta mujer alguien que conozcas? ¿Podrías ser, o haber sido, esta mujer tú, tu madre, tu hermana, tu amiga, tu prima…?

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