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Posts Tagged ‘organizar’


Ya hemos pasado el tercer día de clases de este nuevo curso. Aún es pronto para saber cómo irá este año, pero lo hemos comenzado y recibido con sonrisas e ilusiones, junto con un buen puñado de nervios.

Este año las dos mayores están en primaria. La pequeña “se nos ha hecho mayor” y ya hay que empezar a acordarse de horarios, de días de chándal y de exámenes.

 

(Fuente Imagen: http://3.bp.blogspot.com/-6pjeH8fayrE/UE_H9-go4HI/AAAAAAAAFUM/17HpigKi-0I/s1600/Vuelta-al-cole%5B1%5D.jpg )

Ahora tenemos que ir al encuentro de rutinas, aunque hasta que llegue octubre sabemos que no serán muy consistentes y reales.

Y es esa búsqueda de rutinas la que nos hace volver a dar vueltas a los horarios que tendremos los padres para adaptarlos a los que tendrán las niñas en el colegio.

Y de pronto me veo echando la vista atrás un año y me pongo a recordar el propósito que nos hicimos de ponernos en marcha para tratar de lograr alcanzar la conciliación en nuestras vidas, y veo que no nos ha sido posible aún alcanzarlo: Nos hemos pasado el año haciendo malabarismos para estar ahí a primera hora dejándoles en clase, llegar a hora al trabajo, salir puntuales de la oficina para llegar a buscarles, tener la tarde para estudiar con ellas, quedarnos en casa los días que se han puesto enfermas…

Nos ha tocado volver a tirar de los abuelos. Ellos con su gran disposición e infinita paciencia han hecho que nuestros brazos parezcan más largos, que podamos abarcar lo que físicamente no podemos por reuniones o proyectos de última hora, o simplemente por enfermedad, porque los padres también nos ponemos enfermos a veces, aunque es cierto que muy de vez en cuando porque no estamos como para darnos “esos lujos”.

Ahora, vamos a tratar de entrar en rutinas, de reajustar horarios y una vez más seguiremos teniendo claro cuáles son nuestros principales valores para que este curso podamos vivir y disfrutar del año tanto a nivel familiar, personal como profesional y quizás éste si sea nuestro año de avanzar en ese deseo llamado conciliación.

 

 

(Fuente Imagen: http://www.sophya.es/blog/wp-content/uploads/2011/04/conciliacion-2.jpg )
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“Querido/a…”

“Hola … “…

¡Qué ilusión me ha hecho siempre recibir cartas! Ya fuese de gente que hacía tiempo no veía, como de mis amigas del instituto a las que veía todos los días y hacía apenas unas horas que nos habíamos separado.

¡Por no hablar de los Christmas! Tan iguales que me parecen ahora y tan distintos que me parecían antes. Siempre creyendo que estaban elegidos para mí por ser yo, como yo hacía con cada uno que mandaba en función de a quién fuese…

¡ Y esas postales que llegaban en verano!, de esos amigos y amigas que nos mostraban cómo se acordaban de nosotros desde sus sitios de veraneo, ya fuese la playa o el pueblo de sus abuelos…  y que hacían que marcharte de vacaciones supusiese una visita previa al estanco por si luego no había sellos en el lugar de veraneo…

Puedo recordar el momento de abrir el buzón o que subiese mi madre con el correo y dijese que habías recibido algo a tu nombre… ese pequeño ritual de abrir, si era carta, sin que se rompiese más que lo mínimo el sobre, y sentarte a leer esas letras, a las que ponías voz en tu cabeza…  y entonces a preparar la respuesta para enviarla de nuevo. Según la persona en papel blanco, o en papel de colores, con bolígrafo azul ,o de colores… Ahí plasmabas tus sentimientos, ya alegrías, ya penas, de infancia, y las más de adolescencia…

Es curioso, releer de nuevo esas cartas recibidas y encontrarte a través de ellas con la realidad de aquellos años que tienes quizás un poco dormida.

De pronto te das cuenta de gente que ha ido desapareciendo de tu lado y que parecía que la necesitases como el aire para respirar en aquellos momentos. Cuya amistad parecía irremplazable, irrompible. Esas amistades que poco a poco se fueron enfriando, distanciando y hasta olvidando.

¡Ay! Esas amistades de verano que cuando volvías a casa parecía que te iban a volver loca con su ausencia tras haber compartido en apenas diez días “toda tu vida”. Nombres que al leerlos en un sobre te traen mil recuerdos a la cabeza. Sensaciones que viviste se reavivan por unos segundos. Los suficientes para hacerte sonreír y traer al presente un trozo de ti.

http://3.bp.blogspot.com/-acdch8EdCps/TVU5siURdMI/AAAAAAAAASk/yPl40jGAhcw/s1600/MIrandoAlPasado.jpg

Y entonces me encuentro pensando en la cantidad de cartas electrónicas que escribo ahora a amigos, y que recibo en contestación, y que quizás se pierdan en este espacio 2.0. En esos post del blog que hago, en los de otros que comento… en esos tweets diarios… Letras que no sé si se podrán recuperar dentro de unos años para traer a mi memoria a tanta gente apreciada y querida en estos momentos, ¿tantas sensaciones y emociones compartidas se quedarán perdidas y olvidadas en el limbo 2.0? ¿ Qué debería hacer para en unos años revivir momentos y sentimientos? ¿Imprimir cada correo personal recibido? ¿ Hacer copias de seguridad de los posts del blog y los comentarios a cada uno de ellos?

No quiero perder esa ilusión de recordar esos pequeños momentos al sentarme entre material antiguo cada vez que recoloque un armario. Y temo olvidar lo que he vivido en estos años de la llamada “era digital”.

Quiero, el día de mañana poder sentarme y leer esto que ahora tecleo, porque mi pasado me pertenece, porque mi pasado quiero que se haga algún día presente.

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Hay ciertas etapas en la vida de una persona que van acompañadas de un título extra, aunque es cierto que ese título poco a poco acaba desbancando a tu propio nombre y ser, y dependiendo del círculo en que te muevas, hay veces que hasta te “chirria” escuchar tu nombre.

Me explico:

–          Fulanita la hija de Menganito pasas a ser La HIJA DE Menganito;

–          Fulanita la hermana de Juanita pasas a ser La HERMANA DE Juanita;

–          Fulanita la mujer de Pepito pasas a ser La MUJER DE Pepito

–          Fulanita la mamá de Peque Mayor pasas a ser La MAMÁ DE Peque Mayor

–          Fulanita la mamá de Peque Menor pasas a ser La MAMÁ De Peque Menor

–          Etc.

Pero hay otros estados de tu vida, en que simplemente eres tú, porque aparte de poder estar en cualquiera de las etapas anteriores, estás, tachán, ¡EMBARAZADA!

Seguro que muchos pensarán que a qué viene un post sobre el estar embarazada. No es un post médico, ni mucho menos, ¡no osaría yo! Sólo quería dejar unos breves comentarios, sobre cómo me he sentido y siento en estos embarazos que me ha tocado vivir en el día, ¡aunque si me descuido, llego tarde, y me quedo sin contarlo!

–          Ese bulto es una tripa de embarazada sí: es impresionante cómo la gente se queda mirando la tripa en unas escaleras mecánicas ya sea del súper, del metro o del aeropuerto… Señores míos, puede ser por admiración o cariño hacia la figura maternal, pero hay otras que son entre lástima e impresión, y éstas últimas no me gustan nada. No es que vaya en plan ostentoso mostrando la tripa a diestro y siniestro, pero tampoco creo que la tenga por qué esconder. ¡Me encanta que se me note!

–          Ese bulto puede explotar, cuanto menos contacto visual mejor: esta mirada en metro, autobuses, consulta del médico (no del ginecólogo, claro está)… se repite una y otra vez. Y la verdad es que me molesta bastante, aunque el grado de cabreo debo confesar que depende mucho de si son las siete y media de la mañana y mi cuerpo recién duchado está fresco para soportar el peso de mis x semanas de embarazo, que si son las cuatro y media  de la tarde y vuelvo tras ocho horas de trabajo con la pierna arrastrando y agotada, así como si veo sentados a ancianos  o veo quinceañeros hasta treintañeros que pasan olímpicamente…

Muchos pensarán que si quiero sentarme pida el sitio pero la verdad es que como por ahora la experiencia de pedirlo no ha sido muy positiva, debe ser que vivo en una ciudad algo egoísta, pues la verdad es que no voy a volver a pasar esa vergüenza salvo que vea que me voy a caer redonda, y si me lo ofrecen bien, y si no pues bien agarradita para no caerme… que aunque de 36 semanas aún puedo mantener mi equilibrio muy dignamente.

–          Ese bulto resta espacio, vamos a adelantar: por no hablar de esos codazos por meterse en el autobús o ascensor de sitios públicos. Debería de ponerme un cartel de por favor, adelanten, si prefiero ir sola que mal acompañada, además así evito virus y toses… que no estoy para cogerlos en este “estado”.

–          Ese bulto no tiene por qué dar prioridad en el súper o sí: aquí, aunque cuando veo embarazadas las trato de recordar las cajas prioritarias, cuando me toca a mí y voy con el Santo lo cierto es que trato de no ir a ellas, porque llegar, ver a la gente y que te miren como “ya viene ésta a molestar con la panza”, pues como que no me apetece. ¿Tanto cuesta una sonrisa sincera? A mí no me molesta si me pongo en una caja especial para embarazadas, discapacitados, etc dejarles pasar puesto que sé que tienen preferencia, no lo entiendo.

–          Ese bulto mermará su capacidad para pensar y gestionar ¿no?: pues lo cierto señores y señoras mías es que no. La naturaleza es sabia, y podemos estar embarazadas, tener hijos, padres, madres, maridos, amigos, jefes, compañeros,… etc. Y no por ello descuidar y olvidar estos últimos por lo primero.

Podemos estar algo más cansadas en algún momento, o algo más activas en otros, pero lo cierto es que no he notado tener una caída neuronal que afecte a mi raciocinio en momento alguno durante mis gestaciones pasadas y presente, pero ya dije que no era un post médico, y esta afirmación no está científicamente contrastada.

Lo que sí que es cierto es que nuestras hormonas están en plena ebullición y que tenemos un ser dentro de nosotros que necesita que en un día de 24 horas hagamos algún que otro parón para retomar el ritmo, los sprints de me levanto a las seis y media de la mañana y no descanso hasta las doce y media de la madrugada, pues como que no, que no son sanos cuando no estamos embarazadas, pues pensemos cuanto menos lo serán cuando una pequeña vida está en nuestro interior.

Pero podemos seguir gestionando nuestras familias, nuestras casas, nuestros empleos, nuestras amistades… aunque es cierto que lo mismo necesitaremos una pequeña colaboración por parte de todos los que nos rodean para poder compatibilizar horarios, momentos, actividades, pero por y para eso vivimos en sociedad y somos seres sociales, ¿no?

–          Ese bulto por tercera vez no habrá sido buscado, estás loca y no sabes lo que haces: esta frase, u otras parecidas, pero con el mismo tonito, la he escuchado un montón. No sé decir el número exacto de veces, pero creo que me harían falta varias manos para poder contarlas. No creo que deba justificar ante nadie si tengo o no tengo hijos. Aunque es cierto que ha habido veces que me ha dolido esa falta de respeto hacia una ilusión, un proyecto de vida propio.

Yo no comparto, quizás, la ilusión por un viaje a las Fidji (¡¡¡y ojo que es una comparación muy superficial un hijo con un viaje!!!) pero si alguien viene y me dice que le hacía ilusión y que ha podido permitirse irse a las Fidji me alegraría por él y no le diría: cuidado con el jetlag porque perderás días por no poder dormir hasta que acoples horarios con tu viaje, cuidado con lo que comes porque claro ya que estás allí aprovecha pero si tomas algo que no te siente bien el viaje se va a resentir, cuidado que te vas a perder la fiesta de pin-pan porque es mientras tienes el viaje… etc. ( podéis intentar sustituir viaje por hijo y es parecido a las gracietas que me han ido haciendo estos meses).

 

Y bueno, aunque me faltan algunas cosillas más, creo que las puestas son suficientes para manifestar, y dentro de un tiempo recordar,  cosas que no me gustaron vivir cuando estuve embarazada y espero no hacer vivir a otras embarazadas cuando esta etapa mía toque a su fin.

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¡Qué sencillo parece todo cuando le ocurre al de enfrente!

¡Qué fácil y clara es la opción a seguir cuando es otro el que tiene que dar el paso!

En estos días de tanto lío interior y exterior, me cuesta tomar decisiones, porque de pronto cada una de ellas parece no tener fin en cuanto a alternativas. Parece que todo llevase a un proceso largo e inacabable, con cientos de variables que apreciar y valorar, y claro eso acaba agotando…y a veces hasta casi paralizando, haciendo que me plantee la misma cosa una y otra vez, pero sin terminar de ponerla en marcha, sintiendo que se me van las energías dándole vueltas a los mismos asuntos, ¡y no estamos para derrochar energía, que cuesta mucho acumularla!

 

Pero ya sabemos que:

–         la vida está llena de buenos propósitos en esos momentos que podemos sentarnos y pensar, que lo complicado es luego ponerlos en práctica porque el día a día nos come con su inercia.

–         en ocasiones ese paso necesita de mucha voluntad nuestra pero también de un poco de apoyo del pequeño mundo que nos rodea, ya sea familiar, ya sea laboral, ya sea social, y no siempre se tiene la humildad para pedir ese apoyo o ayuda.

Así que aquí estoy a ver si soy capaz con un poco de reflexión y tranquilidad de poner en orden todo eso que tengo que hacer, quiera o no, para organizarlo por prioridades reales y/o fechas; para ver si de una vez por todas esto empieza a tomar forma antes de que sea demasiado tarde debido a ese pequeño ciclón que está por llegar y va a tratar de poner todo patas arriba de nuevo, porque temo llegue antes de lo previsto y me pille sin los deberes bien hechos.

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El día a día de una persona es muy diferente en función de la situación vital en que cada uno nos encontramos, del punto de planeta habitado y de  la cultura que nos rodea… y de muchas más variables, por supuesto.

Al tratar de buscar un punto de partida común, es cierto que resulta una labor compleja.

En ocasiones leemos, o escuchamos, un montón de conceptos como bienestar, calidad de vida, conciliación, realización personal, igualdad… Asimilarlos en nuestro día a día como persona, es harto difícil y, como no, subjetivo.

No podemos evitar compararnos con la gente que consideramos que está en una situación vital similar a la nuestra. Pero a nivel familiar? A nivel laboral? A nivel personal? Y por qué no: a nivel emocional?

Tenemos personalidades tan complejas que, una misma persona, dependiendo del estado vital en que se encuentre los conceptos antes mencionados los puede vivir de distinto modo.

Se me viene a la cabeza una madre recién estrenada. Que no deja de recordar todas esas cosas leídas y/o escuchadas en clases de preparación al parto, o vía consejos de sus mayores, amigas “experimentadas”, etc. Y de pronto su cuerpo con un desequilibrio hormonal tremendo, sintiendo que no da para más, con las 24 horas del día que son un mini bucle que nunca acaba, y pensando que no vale para eso… No se plantea ni bienestar, ni calidad de vida, ni conciliar, ni mucho menos realización personal gracias a esa maternidad que está disfrutando; si acaso, se plantea la igualdad pensando que dónde queda esa igualdad que la hace estar todo el día en una contrarreloj intensa por sacar un minuto para una ducha, para quitarse esos malos pelos de la ceja o tener un segundo para hacer una llamada a ese mundo exterior que sabe que existe, y recuerda haber visto a otras mamis y papis que disfrutan cambiando pañales, o yendo a la compra o saliendo a tomar un café para pegarse unas risas… y en seguida un sentimiento de culpa porque no está dando masajes a su pequeño, por no estar disfrutando al máximo de esos primeros momentos de su bebé, por no tener fuerzas para llegar a la puerta de casa para dar un paseo… sólo deseando que llegue su pareja para compartir esa angustia y responsabilidad y sentir que aunque no iguales, sí comparten ciertos miedos e inseguridades.

Otro flash: una madre de mediana edad. Con esos hijos preadolescentes, de apenas 8-10 años. Ha conseguido mantenerse en el puesto de trabajo que tenía antes de ser madre, pero las cosas han cambiado: esa menor disposición a horarios interminables, a esas reuniones a horas tardías, acaban pasando factura. Piensa en el bienestar que ese trabajo permite mantener a su familia, aunque sabe que no vive con calidad de vida porque levantarse a las 6.30 de la mañana y llegar no antes de las 17.30-18.00 a la casa, no es calidad de vida. Se siente afortunada porque por lo general no tiene que trabajar por las tardes fuera de casa y puede compartir ese tiempo con sus hijos para ayudar en deberes, para escuchar todas esas cosas que se van soltando sin más en una merienda, un recoger un libro… esa preocupación, ese agobio que a ciertas edades son un mundo y sólo la edad, la experiencia y la distancia nos hacen relativizar. Al pensar en la conciliación, su cerebro empieza a bullir. No cree estar conciliando. O si lo que hace es conciliar, no le da la paz que ella cree que debería tener. La igualdad ni siquiera se para a cuestionarla. Igualdad respecto a quién? Respecto a qué? Sólo sabe que es relativamente feliz porque aunque va todo el día corriendo la mayoría de ellos puede estar con sus hijos en casa a una hora prudencial. No es quizás la casa que ella habría pensado al imaginar su calidad de vida y bienestar años anteriores,  pero es su hogar.

¿Podría ser esta mujer la misma? ¿Podría ser esta mujer alguien que conozcas? ¿Podrías ser, o haber sido, esta mujer tú, tu madre, tu hermana, tu amiga, tu prima…?

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“Si todo el mundo cantara una canción, que hable de paz, que hable de amor…”

Puede parecer un comienzo un poco cursi para un post, pero no tanto si consideramos la época del año que acabamos de vivir: Navidad, Fin de Año, Reyes…

La Navidad, año tras año nos hace recordar tantos momentos de la niñez, unos más alegres y otros menos, aunque la verdad es que en la distancia, la mayoría de los que nos acompañan acaban siendo los del primer tipo.

El Fin de Año siempre nos hace replantearnos nuestras vidas personales, profesionales, familiares… es la época del año en que más nuevos propósitos nos hacemos… deberíamos de escribirlos, porque lo mismo se van repitiendo y eso debería ser objeto de análisis por nuestra parte, porque el tiempo pasa, y es una pena no alcanzar esos proyectos recurrentes.

Y Reyes, es un momento de consumismo, sí, pero también de tanta ilusión, de tantos pequeños sueños que esperan poder materializarse en esa mágica noche, en la que sobre todo si tienes la suerte de compartirla con niños pequeños puedes comprobar que soñar es un tesoro, un don precioso y único.

Este año las fiestas navideñas han sido algo extrañas en mi familia, y soy consciente que en muchas otras familias también. Enfermedades y trabajos no han permitido que saliesen estos días como se habían planeado. Pero es cierto, que en mi caso, pese a que diversas dolencias han ido haciendo que las cosas cambiasen de como se planearon inicialmente, el balance final ha sido positivo.

Porque no debemos olvidar que lo importante es poder sacar lo positivo de cada momento, porque cada momento cuenta, y cada momento
es lo que al final recordaremos.

Y sólo pensar en la cara de mis peques en el día de Nochebuena, la mañana de Navidad, la noche de Fin de Año o la víspera de Reyes, entre otros, es más que suficiente para darme cuenta de la suerte que he tenido y tengo, y es un buen “revulsivo” para afrontar el nuevo año con muchísima ilusión. Para que en esos momentos en que parece que no tienen sentido los madrugones del día a día, o las carreras desde antes del amanecer, o esas tardes de deberes que parecen no entenderse, y /o esas cenas que no parecen tener fin porque el día se quiere alargar sin más… para que en esas situaciones pensemos en volver a tener momentos como los de estas Fiestas, de modo que todo el día a día sea más peleable.

Feliz Año! Feliz Vuelta al cole!

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Estamos en unas fechas en las que ilusiones y sueños están más presentes que nunca en muchos de nuestros hogares.

Es cierto que teniendo hijos pequeños es sencillo dejarse llevar por ellos, pese a los tiempos que corren a nivel laboral y económico a nuestro alrededor, en nuestras vidas… porque los sueños de los pequeños no entienden de crisis, hipotecas y demás historias que a los adultos nos pueden llegar a quitar otro tipo de sueño.

Para ellos desear algo de verdad, con el corazón, “porque aunque a veces se han portado algo mal, han sido muchas más veces buenos,” es suficiente para que pueda convertirse realidad. Bendita inocencia.

Y es en esos momentos en que miro sus ojos, en los que pienso en esos padres que no podrán dar a sus pequeños ninguno de esos presentes que desean… en lo duro que debe ser tener que cortar esa época de ilusión y sueños con la dura realidad a tan temprana edad. Porque debe ser tan descorazonadora esa situación como padre…

Y en todo esto, nos encontramos que esos sueños de juguetes y juegos de nuestros hijos se entremezclan con deseos de vacaciones a compartir, de noches largas de películas navideñas… y aquí estoy, siendo una mamá que no puede hacerles cumplir esos sueños, no materiales, que desean. Porque aunque las cosas se planifican de un modo, al final hay demasiadas obligaciones y cambios en el mundo de los mayores que no permiten que podamos disfrutar de sus días y sus sueños como a ellos les gustaría. Y la palabra CONCILIAR viene a mi cabeza. Y la palabra RESPONSABILIDAD también, junto con INJUSTICIA y NECESIDAD.

Y trato de pensar, y auto-convencerme, que lo importante es tener tiempo de calidad, que lo importante es tener la suerte de poder contar con unos abuelos que nos van a poder ayudar durante una de las dos semanas de vacaciones de las peques… y es que al final, no siempre se puede conciliar cuando el ambiente laboral que uno tiene no lo tiene como prioridad.

Pero como este post es de sueños, deseos e ilusiones, no quiero acabarlo sin hacer patente el mío: que conciliar sea un derecho realmente factible en mi vida en el próximo 2012 y si no, al menos, que yo siga teniéndolo como sueño y trabajando por alcanzarlo.

Felices sueños e ilusiones,

Feliz Navidad!

 

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