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Al mirar un bebé fácilmente notamos una cascada de sentimientos en nuestro interior. Ese pequeño ser parece tan completo y pleno y a la vez tan frágil que hace que se despierte en nosotros un sentimiento protector increíble, y de unas dimensiones inimaginables si además es tu propio hijo.

Pero esa fragilidad no es sólo exclusiva de los recién nacidos, de los bebés, de los niños, de los enfermos, de los ancianos… Ni mucho menos.

Según nos vamos haciendo mayores, vamos tomando conciencia de que nosotros también somos frágiles. Que ese adulto que parece tan resuelto y tan seguro de todo tiene pequeñas fisuras que lo hacen sentir frágil en muchos momentos de su vida, aunque no todos lo vean.

En el caso de las madres, el baile de hormonas durante el embarazo y en la fase de postparto, hace que nos volvamos en muchas ocasiones más frágiles de lo que los que nos rodean nos ven. Es cierto.

Pero con independencia de ese momento vital de la maternidad en nuestras vidas, cualquiera tiene épocas más altas o bajas de ánimo en el camino de su existencia.

El problema es manifestar esa fragilidad sin caer en la lástima, sin tener que mendigar un poco de atención, sin que piensen que es porque estás pasando una etapa “a”, “b” o “c”.

No todos estamos preparados psicológicamente para mostrarnos “débiles” ante el que está en frente nuestro. Ya sea porque hemos creado una imagen a nuestro alrededor de todoterrenos que pueden con todo pase lo que pase, pese a quien le pese, ya sea porque nadie nos quiere ver flojear porque eso haría tambalearse muchas situaciones que sacamos adelante.

Pero nadie puede con todo. Hay que aceptarlo. Todos necesitamos algún momento que otro bajar la guardia, notarnos arropados, protegidos, que tiran de nosotros, porque somos frágiles, y tenemos derecho a que nos acurruquen, nos protejan, nos den la mano. Tenemos derecho a sentirnos cansados, superados, tristes, agobiados… porque, repito,somos frágiles.

Sí, yo soy frágil, y pese a que me cuesta aceptar mis limitaciones en ocasiones, quiero contarlo, expresarlo, para tomar mayor conciencia de ello y tratar de aprender a reclamar esa atención que necesito y a la vez tratar de aprender a identificar las señales que los demás me lanzan cuando son ellos, sois vosotros, los que se sienten así: FRAGILES.

 

 

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Hay ciertas etapas en la vida de una persona que van acompañadas de un título extra, aunque es cierto que ese título poco a poco acaba desbancando a tu propio nombre y ser, y dependiendo del círculo en que te muevas, hay veces que hasta te “chirria” escuchar tu nombre.

Me explico:

–          Fulanita la hija de Menganito pasas a ser La HIJA DE Menganito;

–          Fulanita la hermana de Juanita pasas a ser La HERMANA DE Juanita;

–          Fulanita la mujer de Pepito pasas a ser La MUJER DE Pepito

–          Fulanita la mamá de Peque Mayor pasas a ser La MAMÁ DE Peque Mayor

–          Fulanita la mamá de Peque Menor pasas a ser La MAMÁ De Peque Menor

–          Etc.

Pero hay otros estados de tu vida, en que simplemente eres tú, porque aparte de poder estar en cualquiera de las etapas anteriores, estás, tachán, ¡EMBARAZADA!

Seguro que muchos pensarán que a qué viene un post sobre el estar embarazada. No es un post médico, ni mucho menos, ¡no osaría yo! Sólo quería dejar unos breves comentarios, sobre cómo me he sentido y siento en estos embarazos que me ha tocado vivir en el día, ¡aunque si me descuido, llego tarde, y me quedo sin contarlo!

–          Ese bulto es una tripa de embarazada sí: es impresionante cómo la gente se queda mirando la tripa en unas escaleras mecánicas ya sea del súper, del metro o del aeropuerto… Señores míos, puede ser por admiración o cariño hacia la figura maternal, pero hay otras que son entre lástima e impresión, y éstas últimas no me gustan nada. No es que vaya en plan ostentoso mostrando la tripa a diestro y siniestro, pero tampoco creo que la tenga por qué esconder. ¡Me encanta que se me note!

–          Ese bulto puede explotar, cuanto menos contacto visual mejor: esta mirada en metro, autobuses, consulta del médico (no del ginecólogo, claro está)… se repite una y otra vez. Y la verdad es que me molesta bastante, aunque el grado de cabreo debo confesar que depende mucho de si son las siete y media de la mañana y mi cuerpo recién duchado está fresco para soportar el peso de mis x semanas de embarazo, que si son las cuatro y media  de la tarde y vuelvo tras ocho horas de trabajo con la pierna arrastrando y agotada, así como si veo sentados a ancianos  o veo quinceañeros hasta treintañeros que pasan olímpicamente…

Muchos pensarán que si quiero sentarme pida el sitio pero la verdad es que como por ahora la experiencia de pedirlo no ha sido muy positiva, debe ser que vivo en una ciudad algo egoísta, pues la verdad es que no voy a volver a pasar esa vergüenza salvo que vea que me voy a caer redonda, y si me lo ofrecen bien, y si no pues bien agarradita para no caerme… que aunque de 36 semanas aún puedo mantener mi equilibrio muy dignamente.

–          Ese bulto resta espacio, vamos a adelantar: por no hablar de esos codazos por meterse en el autobús o ascensor de sitios públicos. Debería de ponerme un cartel de por favor, adelanten, si prefiero ir sola que mal acompañada, además así evito virus y toses… que no estoy para cogerlos en este “estado”.

–          Ese bulto no tiene por qué dar prioridad en el súper o sí: aquí, aunque cuando veo embarazadas las trato de recordar las cajas prioritarias, cuando me toca a mí y voy con el Santo lo cierto es que trato de no ir a ellas, porque llegar, ver a la gente y que te miren como “ya viene ésta a molestar con la panza”, pues como que no me apetece. ¿Tanto cuesta una sonrisa sincera? A mí no me molesta si me pongo en una caja especial para embarazadas, discapacitados, etc dejarles pasar puesto que sé que tienen preferencia, no lo entiendo.

–          Ese bulto mermará su capacidad para pensar y gestionar ¿no?: pues lo cierto señores y señoras mías es que no. La naturaleza es sabia, y podemos estar embarazadas, tener hijos, padres, madres, maridos, amigos, jefes, compañeros,… etc. Y no por ello descuidar y olvidar estos últimos por lo primero.

Podemos estar algo más cansadas en algún momento, o algo más activas en otros, pero lo cierto es que no he notado tener una caída neuronal que afecte a mi raciocinio en momento alguno durante mis gestaciones pasadas y presente, pero ya dije que no era un post médico, y esta afirmación no está científicamente contrastada.

Lo que sí que es cierto es que nuestras hormonas están en plena ebullición y que tenemos un ser dentro de nosotros que necesita que en un día de 24 horas hagamos algún que otro parón para retomar el ritmo, los sprints de me levanto a las seis y media de la mañana y no descanso hasta las doce y media de la madrugada, pues como que no, que no son sanos cuando no estamos embarazadas, pues pensemos cuanto menos lo serán cuando una pequeña vida está en nuestro interior.

Pero podemos seguir gestionando nuestras familias, nuestras casas, nuestros empleos, nuestras amistades… aunque es cierto que lo mismo necesitaremos una pequeña colaboración por parte de todos los que nos rodean para poder compatibilizar horarios, momentos, actividades, pero por y para eso vivimos en sociedad y somos seres sociales, ¿no?

–          Ese bulto por tercera vez no habrá sido buscado, estás loca y no sabes lo que haces: esta frase, u otras parecidas, pero con el mismo tonito, la he escuchado un montón. No sé decir el número exacto de veces, pero creo que me harían falta varias manos para poder contarlas. No creo que deba justificar ante nadie si tengo o no tengo hijos. Aunque es cierto que ha habido veces que me ha dolido esa falta de respeto hacia una ilusión, un proyecto de vida propio.

Yo no comparto, quizás, la ilusión por un viaje a las Fidji (¡¡¡y ojo que es una comparación muy superficial un hijo con un viaje!!!) pero si alguien viene y me dice que le hacía ilusión y que ha podido permitirse irse a las Fidji me alegraría por él y no le diría: cuidado con el jetlag porque perderás días por no poder dormir hasta que acoples horarios con tu viaje, cuidado con lo que comes porque claro ya que estás allí aprovecha pero si tomas algo que no te siente bien el viaje se va a resentir, cuidado que te vas a perder la fiesta de pin-pan porque es mientras tienes el viaje… etc. ( podéis intentar sustituir viaje por hijo y es parecido a las gracietas que me han ido haciendo estos meses).

 

Y bueno, aunque me faltan algunas cosillas más, creo que las puestas son suficientes para manifestar, y dentro de un tiempo recordar,  cosas que no me gustaron vivir cuando estuve embarazada y espero no hacer vivir a otras embarazadas cuando esta etapa mía toque a su fin.

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Hay días que amanecemos con unas ganas impresionantes de comernos el mundo y de pronto  nos damos cuenta de que si nos descuidamos es el mundo el que se nos come a nosotros.

Estos días de tanta incertidumbre a nuestro alrededor me asaltan de vez en cuando ciertas dudas que me llevan por un tiempo a tener tal desasosiego que pienso que el aire podría llegar a faltarme, para tiempo después darme cuenta de que no sirve de nada agobiarse, hay que ir asumiendo el día a día como viene tratando de hacer lo que consideramos que es mejor para nuestra familia, para nuestros entorno, para nosotros en ese momento y en los futuros que vendrán,  y sin olvidar que somos parte de una sociedad yue la suma de los actos de cada uno de nosotros es lo que hará que dentro de unos años volvamos la vista la atrás y podamos sonreír o llorar.

Es tiempo de olvidar los individualismos que en los últimos años parecen  acaparar este mundo en  que vivimos. Hay que vivir pensando no en el yo ni en lo mío ni el para mi  , sino en nosotros , lo nuestro, para nosotros, para todos…

No tiene sentido querer mejoras a costa siempre del de enfrente o al lado pero sin pararnos a mirar nuestra situación real. Pero, del mismo modo, no se puede pedir a todos el mismo nivel de cambios porque cada uno parte de un punto diferente.

No todo el mundo ha vivido o vive por encima de sus posibilidades; no todo el mundo posee unos sueldos de miles de euros que si rebajan un equis porciento afectan poco a la economia familiar; no todos abusamos de unas bajas fingidas; no todos compartimos tareas de educación, familiares, limpieza en nuestros hogares…etc

Sólo quiero y pretendo que todos nos preguntemos y reflexionemos en todo lo que cada uno de nosotros ya hace o podría empezar a hacer partiendo de su propia persona, de su propia familia, de su propio entorno, de su propio dia a dia para que esta sociedad mejore, para no perder derechos por abusos de unos pocos, para que conciliar sea una realidad, para que vivir sea una gran aventura  con grandes emociones pero no con grandes agobios y desesperanzas, para que ser felices con lo que ya tenemos y trabajando por conseguir nuevos sueños no sea una utopía sino una realidad, nuestra realidad.

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