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Posts Tagged ‘conciliar’


Como bien sabéis, soy madre, esposa y muchas cosas más, entre ellas ciudadana.

En estos momentos, y desde que nací, soy y he sido ciudadana española.

Nací en la época de la democracia, vale, viví algunos días en la época anterior a ésta, pero todos mis recuerdos son “demócratas”.

Crecí con expresiones como “libertad“, “igualdad“, “derechos“, “libertad de pensamiento y expresión“.

  • Fui libre para poder estudiar lo que quise, con mi esfuerzo y trabajo, poder casarme con quien quise por el rito que yo elegí…
  • Tuve la posibilidad de ejercitar una igualdad de género que teóricamente me permitía optar a unos estudios con independencia de ser mujer, cosa que pocas generaciones antes no era posible…
  • Tuve la suerte de poseer los mismos derechos que los varones para contratar, comprar, votar,… en fin decidir sobre mi vida.
  • Podía pensar y manifestar, con respeto y educación lo que opinaba sobre asuntos políticos, religiosos, sociales… y podía optar a leer y escuchar prensa varia porque existía una libertad de expresión. una libertad de prensa.

Escuchar a mis abuelos hablar de un bando u otro de la Guerra Civil, se me hacía algo tan lejano.

Oír como mi madre y la gente de su generación tenían que pedir permiso y obtener autorización de sus padres o maridos para realizar cosas tan sencillas como compras de electrodomésticos o aperturar una cuenta en el banco me producía cierta risa nerviosa, me parecía cómico e increíble.

Y ahora, unos 35 años después, parece que ciertas cosas se tambalean.

Poco a poco, estamos volviendo a una sociedad que tiene miedo. Que se empieza a encerrar sobre sí misma.

Las nuevas medidas anunciadas por el Gobierno empiezan a ponernos nerviosos, seamos o no funcionarios, trabajemos o no en la función pública, porque seamos realistas: cuando las barbas de tu vecino veas cortar…

La subida del IVA nos va a afectar a todos. Seamos realistas, por mucho que pueda afectar a las empresas, cuanto más repercutan, más se podrán deducir, porque no olvidemos que el IVA grava al consumidor final, sí, a nosotros, ciudadanos de a pie. Si antes algo tenía una base de 100, pagábamos 118 y ahora pagaremos 121 ( considerando un tipo del 18% que pasa al 21%). El ingreso en la cuenta de resultados del empresario seguirá siendo de 100, pero a Hacienda le ingresará 21 en vez de 18, y a su vez, cuando el empresario compre algo de una base imponible de 80 por lo que antes pagaba 94,40 ahora pagará 96,8. Por tanto el resultado del empresario es el mismo 100-80. Con independencia de que su tesorería pueda cambiar al tener que hacer ciertos ingresos por las liquidaciones de IVA.

Por otro lado nos dicen que van a quitar la paga extra de navidad a funcionarios, a reducir los días de libre disposición de estos, a reducir el número de delegados sindicales en entidades públicas, reducciones en cotizaciones sociales, en prestaciones por desempleo a partir de un determinado período, cambios en los pagos fraccionados del impuesto de sociedades, eliminación de deducciones por inversión en vivienda nueva, etc…

Pero nadie habla de tocar esas rentas vitalicias que ciertos excargos políticos poseen. Vamos a hacer las cosas de un modo poco serio para no variar: vamos a recortar a muchos los ingresos, en vez de recortarles muchos ingresos a unos pocos. Si una familia puede pasar con apenas 1.200 euros al mes, no deberían nuestros políticos revisar cuáles son sus ingresos mensuales reales y poner una banda que no se pudiese rebasar ni con dietas ni suplementos y dar ejemplo de una vez por todas.

Las medidas aprobadas por el Gobierno deberían hacer funcionar de nuevo la rueda de esta economía. Las medidas que nos proponen deberían hacernos confiar en ellos. Pero es complicado cuando vemos que tras anunciarlas hay risas y sonrisas. ¿ No deberían de estar  preocupados por la reacción de la ciudadanía? ¿ No deberían estar agobiados por si no dan los resultados deseados, o incluso si los dan por si hay demasiados daños “colaterales” por el camino?

Pienso en que con estas medidas, todos los que tenemos la suerte de tener un trabajo vamos a tratar de asirnos a él a cualquier precio. Porque gracias a ese miedo, ya llevamos, al menos en el sector privado en que me muevo, varios años sin subidas de salarios pero con subidas de tareas a realizar ante los puestos amortizados o ante las nuevas necesidades de la empresa.Y éstas se asumen dedicando más tiempo que el establecido en nuestro contrato, ampliando las jornadas laborales ante el temor a ser despedidos. Y ello redunda y redundará en menor tiempo para nosotros, para nuestras familias. Y en una pérdida gradual de ciertos derechos laborales que se habían ido consiguiendo y que poco a poco se van aparcando y abandonando, porque al final cada uno piensa en su familia, sus hijos, en que “en casa hay bocas que alimentar”.

Y a todo esto nos viene a la mente una expresión ” estado del bienestar” y pensamos qué hicimos tan mal para acabar aquí. Cómo es posible haber tenido una vida de trabajo y esfuerzo y vernos ahora así, temerosos de no poder conservar nuestros trabajos, temerosos de no poder dar a nuestras familias, a nuestros hijos, el tiempo, la comida, los estudios, el ocio que consideramos quieren y se merecen.

Y pienso en:

  • cómo vamos a hacer para poder educar a nuestros hijos y dedicarles nuestro tiempo si a la vez tenemos que ser más productivos haciendo más horas de trabajo, pienso en hasta qué punto las medidas conciliadoras existentes hasta la fecha van a durar, van a seguir existiendo, y quiénes van a poder permitirse ejercerlas.
  • cómo se va a proteger la maternidad en esta sociedad con un índice de natalidad tan bajo con unas condiciones tan poco favorecedoras para ser mujer-madre-trabajadora.
  • cómo se va a fomentar  una paternidad corresponsable cuando los derechos de los padres no se pueden ejercer sin sufrir posteriores represalias laborales
  • cómo vamos a mantener la ilusión para trabajar por y para nuestra sociedad cuando miramos hacia atrás y nos toca pagar los excesos que han hecho los demás.
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Hay ciertas etapas en la vida de una persona que van acompañadas de un título extra, aunque es cierto que ese título poco a poco acaba desbancando a tu propio nombre y ser, y dependiendo del círculo en que te muevas, hay veces que hasta te “chirria” escuchar tu nombre.

Me explico:

–          Fulanita la hija de Menganito pasas a ser La HIJA DE Menganito;

–          Fulanita la hermana de Juanita pasas a ser La HERMANA DE Juanita;

–          Fulanita la mujer de Pepito pasas a ser La MUJER DE Pepito

–          Fulanita la mamá de Peque Mayor pasas a ser La MAMÁ DE Peque Mayor

–          Fulanita la mamá de Peque Menor pasas a ser La MAMÁ De Peque Menor

–          Etc.

Pero hay otros estados de tu vida, en que simplemente eres tú, porque aparte de poder estar en cualquiera de las etapas anteriores, estás, tachán, ¡EMBARAZADA!

Seguro que muchos pensarán que a qué viene un post sobre el estar embarazada. No es un post médico, ni mucho menos, ¡no osaría yo! Sólo quería dejar unos breves comentarios, sobre cómo me he sentido y siento en estos embarazos que me ha tocado vivir en el día, ¡aunque si me descuido, llego tarde, y me quedo sin contarlo!

–          Ese bulto es una tripa de embarazada sí: es impresionante cómo la gente se queda mirando la tripa en unas escaleras mecánicas ya sea del súper, del metro o del aeropuerto… Señores míos, puede ser por admiración o cariño hacia la figura maternal, pero hay otras que son entre lástima e impresión, y éstas últimas no me gustan nada. No es que vaya en plan ostentoso mostrando la tripa a diestro y siniestro, pero tampoco creo que la tenga por qué esconder. ¡Me encanta que se me note!

–          Ese bulto puede explotar, cuanto menos contacto visual mejor: esta mirada en metro, autobuses, consulta del médico (no del ginecólogo, claro está)… se repite una y otra vez. Y la verdad es que me molesta bastante, aunque el grado de cabreo debo confesar que depende mucho de si son las siete y media de la mañana y mi cuerpo recién duchado está fresco para soportar el peso de mis x semanas de embarazo, que si son las cuatro y media  de la tarde y vuelvo tras ocho horas de trabajo con la pierna arrastrando y agotada, así como si veo sentados a ancianos  o veo quinceañeros hasta treintañeros que pasan olímpicamente…

Muchos pensarán que si quiero sentarme pida el sitio pero la verdad es que como por ahora la experiencia de pedirlo no ha sido muy positiva, debe ser que vivo en una ciudad algo egoísta, pues la verdad es que no voy a volver a pasar esa vergüenza salvo que vea que me voy a caer redonda, y si me lo ofrecen bien, y si no pues bien agarradita para no caerme… que aunque de 36 semanas aún puedo mantener mi equilibrio muy dignamente.

–          Ese bulto resta espacio, vamos a adelantar: por no hablar de esos codazos por meterse en el autobús o ascensor de sitios públicos. Debería de ponerme un cartel de por favor, adelanten, si prefiero ir sola que mal acompañada, además así evito virus y toses… que no estoy para cogerlos en este “estado”.

–          Ese bulto no tiene por qué dar prioridad en el súper o sí: aquí, aunque cuando veo embarazadas las trato de recordar las cajas prioritarias, cuando me toca a mí y voy con el Santo lo cierto es que trato de no ir a ellas, porque llegar, ver a la gente y que te miren como “ya viene ésta a molestar con la panza”, pues como que no me apetece. ¿Tanto cuesta una sonrisa sincera? A mí no me molesta si me pongo en una caja especial para embarazadas, discapacitados, etc dejarles pasar puesto que sé que tienen preferencia, no lo entiendo.

–          Ese bulto mermará su capacidad para pensar y gestionar ¿no?: pues lo cierto señores y señoras mías es que no. La naturaleza es sabia, y podemos estar embarazadas, tener hijos, padres, madres, maridos, amigos, jefes, compañeros,… etc. Y no por ello descuidar y olvidar estos últimos por lo primero.

Podemos estar algo más cansadas en algún momento, o algo más activas en otros, pero lo cierto es que no he notado tener una caída neuronal que afecte a mi raciocinio en momento alguno durante mis gestaciones pasadas y presente, pero ya dije que no era un post médico, y esta afirmación no está científicamente contrastada.

Lo que sí que es cierto es que nuestras hormonas están en plena ebullición y que tenemos un ser dentro de nosotros que necesita que en un día de 24 horas hagamos algún que otro parón para retomar el ritmo, los sprints de me levanto a las seis y media de la mañana y no descanso hasta las doce y media de la madrugada, pues como que no, que no son sanos cuando no estamos embarazadas, pues pensemos cuanto menos lo serán cuando una pequeña vida está en nuestro interior.

Pero podemos seguir gestionando nuestras familias, nuestras casas, nuestros empleos, nuestras amistades… aunque es cierto que lo mismo necesitaremos una pequeña colaboración por parte de todos los que nos rodean para poder compatibilizar horarios, momentos, actividades, pero por y para eso vivimos en sociedad y somos seres sociales, ¿no?

–          Ese bulto por tercera vez no habrá sido buscado, estás loca y no sabes lo que haces: esta frase, u otras parecidas, pero con el mismo tonito, la he escuchado un montón. No sé decir el número exacto de veces, pero creo que me harían falta varias manos para poder contarlas. No creo que deba justificar ante nadie si tengo o no tengo hijos. Aunque es cierto que ha habido veces que me ha dolido esa falta de respeto hacia una ilusión, un proyecto de vida propio.

Yo no comparto, quizás, la ilusión por un viaje a las Fidji (¡¡¡y ojo que es una comparación muy superficial un hijo con un viaje!!!) pero si alguien viene y me dice que le hacía ilusión y que ha podido permitirse irse a las Fidji me alegraría por él y no le diría: cuidado con el jetlag porque perderás días por no poder dormir hasta que acoples horarios con tu viaje, cuidado con lo que comes porque claro ya que estás allí aprovecha pero si tomas algo que no te siente bien el viaje se va a resentir, cuidado que te vas a perder la fiesta de pin-pan porque es mientras tienes el viaje… etc. ( podéis intentar sustituir viaje por hijo y es parecido a las gracietas que me han ido haciendo estos meses).

 

Y bueno, aunque me faltan algunas cosillas más, creo que las puestas son suficientes para manifestar, y dentro de un tiempo recordar,  cosas que no me gustaron vivir cuando estuve embarazada y espero no hacer vivir a otras embarazadas cuando esta etapa mía toque a su fin.

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Madespymas = Madre Esposa y Más …

Parece que no hace falta explicar en estos momentos las dos primeras palabras, pero y el “Más”.

En ese “Más” he querido incluir el Hija, Amiga, Hermana, Sobrina, Prima, Nieta, Tía, Nuera, Cuñada, Vecina, Compañera, Trabajadora, Cocinera, Repostera, Costurera, Lectora, …, y valga la redundancia, muchas más…

Y es curioso, pero llevo una temporada, que unas pocas acepciones me están llevando de cabeza. Por no decir dos.

Parece un sin sentido que seamos las personas que somos gracias a un montón de facetas que componen nuestras personalidades y que de pronto muchas dejemos de valorarlas para centrarnos en otras en que empezamos a no sentirnos cómodas.

Cuando miras  alrededor y ves gente que tiene malas experiencias a cualquier nivel, piensas en un montón de cosas positivas que se pueden sacar de ellas. Siempre he pensado que cuando se cierra una puerta se abre después otra mucho mejor. Debe de ser porque esas puertas las he abierto y cerrado más o menos a mi antojo. Controlando yo la situación. O al menos, eso yo creía.

Ahora mismo tengo la sensación de que un montón de puertas se abren y entornan a mi alrededor pero no consigo darme cuenta si se van a cerrar para bien o para mal. Una conciencia pesimista me dice que cuidado. La conciencia optimista me dice que lo que tenga que ser será y ya se verá. Que viva el momento según me dicte mi conciencia cada día.

Y mientras me planteo que hay opciones. Pero esas opciones me harían renunciar a una baja maternal completa de 16 semanas seguidas. Me harían tener la sensación de estar renunciando a unos derechos que ha costado conseguir muchos años. Y lo peor de todo, me harían sentir que estoy fallándome a mí misma, a mis valores, ¿o no?¿ O esto es lo  hago por puro egoísmo por no querer compartir ese tiempo con el padre?

Y encima con un mercado laboral como el actual, que el descolgarse puede significar no poder entrar en un medio o largo plazo…

Se me vienen a la cabeza palabras como lactancia, conciliación, maternidad, paternidad, responsabilidad laboral, racionalización de horarios, impotencia, rabia, proyecto de vida… y me doy cuenta una vez más que hay muchas trabas para poder disfrutar de la maternidad si quieres tener trayectoria profesional en muchas de las empresas que componen nuestra sociedad.

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¡Qué sencillo parece todo cuando le ocurre al de enfrente!

¡Qué fácil y clara es la opción a seguir cuando es otro el que tiene que dar el paso!

En estos días de tanto lío interior y exterior, me cuesta tomar decisiones, porque de pronto cada una de ellas parece no tener fin en cuanto a alternativas. Parece que todo llevase a un proceso largo e inacabable, con cientos de variables que apreciar y valorar, y claro eso acaba agotando…y a veces hasta casi paralizando, haciendo que me plantee la misma cosa una y otra vez, pero sin terminar de ponerla en marcha, sintiendo que se me van las energías dándole vueltas a los mismos asuntos, ¡y no estamos para derrochar energía, que cuesta mucho acumularla!

 

Pero ya sabemos que:

–         la vida está llena de buenos propósitos en esos momentos que podemos sentarnos y pensar, que lo complicado es luego ponerlos en práctica porque el día a día nos come con su inercia.

–         en ocasiones ese paso necesita de mucha voluntad nuestra pero también de un poco de apoyo del pequeño mundo que nos rodea, ya sea familiar, ya sea laboral, ya sea social, y no siempre se tiene la humildad para pedir ese apoyo o ayuda.

Así que aquí estoy a ver si soy capaz con un poco de reflexión y tranquilidad de poner en orden todo eso que tengo que hacer, quiera o no, para organizarlo por prioridades reales y/o fechas; para ver si de una vez por todas esto empieza a tomar forma antes de que sea demasiado tarde debido a ese pequeño ciclón que está por llegar y va a tratar de poner todo patas arriba de nuevo, porque temo llegue antes de lo previsto y me pille sin los deberes bien hechos.

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Estamos en unas fechas en las que ilusiones y sueños están más presentes que nunca en muchos de nuestros hogares.

Es cierto que teniendo hijos pequeños es sencillo dejarse llevar por ellos, pese a los tiempos que corren a nivel laboral y económico a nuestro alrededor, en nuestras vidas… porque los sueños de los pequeños no entienden de crisis, hipotecas y demás historias que a los adultos nos pueden llegar a quitar otro tipo de sueño.

Para ellos desear algo de verdad, con el corazón, “porque aunque a veces se han portado algo mal, han sido muchas más veces buenos,” es suficiente para que pueda convertirse realidad. Bendita inocencia.

Y es en esos momentos en que miro sus ojos, en los que pienso en esos padres que no podrán dar a sus pequeños ninguno de esos presentes que desean… en lo duro que debe ser tener que cortar esa época de ilusión y sueños con la dura realidad a tan temprana edad. Porque debe ser tan descorazonadora esa situación como padre…

Y en todo esto, nos encontramos que esos sueños de juguetes y juegos de nuestros hijos se entremezclan con deseos de vacaciones a compartir, de noches largas de películas navideñas… y aquí estoy, siendo una mamá que no puede hacerles cumplir esos sueños, no materiales, que desean. Porque aunque las cosas se planifican de un modo, al final hay demasiadas obligaciones y cambios en el mundo de los mayores que no permiten que podamos disfrutar de sus días y sus sueños como a ellos les gustaría. Y la palabra CONCILIAR viene a mi cabeza. Y la palabra RESPONSABILIDAD también, junto con INJUSTICIA y NECESIDAD.

Y trato de pensar, y auto-convencerme, que lo importante es tener tiempo de calidad, que lo importante es tener la suerte de poder contar con unos abuelos que nos van a poder ayudar durante una de las dos semanas de vacaciones de las peques… y es que al final, no siempre se puede conciliar cuando el ambiente laboral que uno tiene no lo tiene como prioridad.

Pero como este post es de sueños, deseos e ilusiones, no quiero acabarlo sin hacer patente el mío: que conciliar sea un derecho realmente factible en mi vida en el próximo 2012 y si no, al menos, que yo siga teniéndolo como sueño y trabajando por alcanzarlo.

Felices sueños e ilusiones,

Feliz Navidad!

 

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