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Apenas hace un año de aquel post desgarrador que Marta Gual publicó ante su vuelta al trabajo y la angustia que esa situación le creaba. El post que dio lugar a un gran debate virtual y que se acabó materializando en la creación de Conciliación Real Ya, conocida ya por muchos como CRYA ( fonéticamente parece que decimos “cría”, bonita y enternecedora palabra y con muchísimo potencial  en su significado). Y así, como quien no quiere la cosa, nuestra CRYA cumple un añito, y está por tanto de fiesta, y cómo no, en todo cumpleaños hay regalos, así es que aquí he traído el mío, en formato de misiva:

“Querido CRYA,

Apenas un año te ha dado para vivir mucho.

Has conseguido, en este tiempo, poner a trabajar a un grupo de personas bastante heterogéneo, a la par que disperso físicamente, que gracias a esto del llamado mundo 2.0 y las nuevas tecnologías logran ponerse de acuerdo y coordinarse de un modo sorprendente.

Has ido moviéndote con cautela, tomando contactos, con distintas instituciones, organizaciones y  poco a poco vas teniendo voz y presencia en conferencias de congresos y encuentros en los que la conciliación es un factor importante.

Has transmitido que es posible luchar por cambiar todo aquello establecido que se cree mejorable para nosotros, para los nuestros, sin hacer daño a nadie.

Y es por ello, que hoy, en esta noche silenciosa, cierro los ojos y pienso que gracias a lo que ya eres, y poco a poco serás, con el trabajo por delante que tienes y tenemos, es posible que dentro de no mucho haya una madre que a las dieciséis semanas no tenga que dejar a su hijo por volver a un puesto de trabajo para demostrar que pese a haber parido sigue siendo una competente profesional, haya un padre que pueda disfrutar de su baja paternal sin tener que justificarse ante nadie por compartir los primeros días de su hijo, haya una abuela que no tenga la sensación de que si ella falta sus hijos no podrán organizarse en el día a día, haya un abuelo que no sienta que es una carga para los suyos porque acudir acompañado al médico implique un conflicto en el trabajo de sus hijos, …

Pues nada,  espero el año que viene verte por aquí, un poco más grande y fuerte, pero con la misma ilusión y energía que desprendes este año, y rodeada de muchos más amigos que se habrán unido y trabajado por tu causa durante estos  doce meses.”

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Hay momentos en que parece que tu vida es casi perfecta, y otros en que nos parece el más absoluto de los caos…

Hoy dejo unas pequeñas reflexiones para considerar:

  • No tienes una casa grande y preciosa, pero tienes un hogar  acogedor y agradable.
  • No tienes un trabajo por el que pierdas la cabeza, pero tienes un empleo (casi) estable y no monótono.
  • No mides  1,80 metros ni tienes una impresionante melena ni el perfil de esa estrella de cine, pero mides lo exacto para ir al lado de tu pareja con tacones perfecta, tu cabello tras una sesión de peluquería da el pego, y tu perfil los días de estima alta está para llevarse piropos por todos lados, sobre todo por ti misma desde el espejo.
  • No tienes unos hijos perfectos que obedecen a la primera  y dejan siempre sus cosas ordenadas y con que les mires hacen lo que te gustaría que hiciesen, pero tienes unos peques que con su sonrisa hacen que tus preocupaciones se queden en un segundo plano y con un beso suyo sientes que tocas el cielo.
  • No tienes una pareja que siempre desee hacer lo que quieres hacer tú y que esté descansada cuando tú quieres hacer un millón de cosas, pero tienes una pareja que se esfuerza porque tu proyecto de vida sea vuestro proyecto de vida y que tus pequeños sueños sean sus grandes prioridades.
  • No tienes seguro el tiempo que estarás por aquí pero tienes claro que no quieres perder ni un momento siendo infeliz y lo pasas mal cuando ves que es así.

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Un año escolar más está a punto de tocar a su fin.

En unas horas mis peques comienzan sus vacaciones, y este año serán especiales, pues mamá podrá estar los dos meses largos con ellas. Pero esto será tema de otro post.

Atrás van  a quedar madrugones, horas de estudio, de lectura, de juegos, de manualidades, de cumpleaños de compañeros, nervios de exámenes… Y como no, atrás quedarán las horas dedicadas a los festivales de fin de curso y en este caso y año al festival de graduación.

Los festivales de fin de curso, año tras año, siguen emocionándome. La preparación de la vestimenta, en la que la abuela siempre echa una mano en cuanto hay aguja por medio, es un clásico. Pero lo que más me gusta es que estamos cerca de un mes con sus canciones y coreografías a todas horas… Y me gusta verles feliz ensayando en casa, tratando de aprendérselas y de hacerlas cada vez mejor. Y pese a que de sorpresa tienen en mi caso muy poco, me sigo sorprendiendo al verlas en el escenario repetir con sus compañeros lo que ellas solas hacían en casa.

La graduación de infantil, es aún mucho más especial que el festival, no por la  vestimenta con  su birrete incluído,  sino por lo que implica, lo que significa. Es el paso a primaria. Pasan de ser los mayores del Cole de infantil a ser los peques del Cole de primaria. Pero ellos están tan contentos e ilusionados… Que nosotros debemos mostrarnos así también, no? Pero a mí me cuesta, pues estoy tan nerviosa por todo lo que ya hemos pasado en un tiempo que me parece tan breve, que necesito tomar aire para seguir…

La graduación ha tenido como un pequeño ritual, ya vivido hace tres años con la mayor, pero lo que ha sido único ha sido la canción de este año, que habíamos oído cientos de veces ya a la peque, y que ella desde el primer dia había dicho que era muy triste… Ha sido una canción muy bien elegida, pero que ha hecho brotar alguna que otra lagrimilla porque al oírla me daba cuenta de que mi peque mediana se está haciendo también mayor.

Pero lo que es absolutamente común tanto a los festivales como lasas graduaciones, son los nervios de los críos antes y durante, y de los padres. Cuando ves a tu hijo con toda la ilusión, sólo piensas que no tenga que pasar un mal rato por un tropiezo, por un lapsus mental… Y así, cuando ves que todo sale bien una gran sonrisa ilumina tu cara y tu estómago se permite descansar. Y sólo deseas cruzar tu mirada con la suya para transmitirle con tus ojos que lo ha hecho fenomenal.

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La maternidad es un regalo para mí.

La maternidad es uno de los dones que he tenido la suerte de poseer y disfrutar, aunque como en casi todo lo que tenemos en esta vida tiene algunas partes duras que son necesarias para valorar aún más todas las positivas.
En estos días que estoy volviendo a revivir un nacimiento, un bebé 100% dependiente, noto que aunque es una etapa ya vivida es única al depender del vínculo materno filial que se crea entre la mamá y cada pequeño. Son todos tan diferentes aunque no haya quien te haga notar que es igual que la pequeña por este detalle físico o que la mayor por aquel otro…
Y al igual que noto que es única la relación , noto que se vuelven a repetir miedos, angustias, inseguridades... Es como si hubiese algo en mi interior que no me  permite relajarme y me hace estar en tensión , a la expectativa… Porque no me acuerdo bien de ciertas cosas de las otras veces, y me entran dudas sobre si eso lo viví o me lo han contado o incluso por si lo he leído…
Y  esto, ¿Por qué me pasa?
¶ Quiero pensar que porque es algo tan valioso lo que poseo que no quiero que vaya nada mal por mi culpa, por hacer esto o dejar de hacer aquello.
¶ Porque sé que he sido tan afortunada pudiendo traer este bebé al mundo que me da miedo que se estropee.
¶ Porque sé que ahora mi vida depende de una vida más, y no quiero que este pequeño gran sueño se pueda estropear.

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Hay ciertas etapas en la vida de una persona que van acompañadas de un título extra, aunque es cierto que ese título poco a poco acaba desbancando a tu propio nombre y ser, y dependiendo del círculo en que te muevas, hay veces que hasta te “chirria” escuchar tu nombre.

Me explico:

–          Fulanita la hija de Menganito pasas a ser La HIJA DE Menganito;

–          Fulanita la hermana de Juanita pasas a ser La HERMANA DE Juanita;

–          Fulanita la mujer de Pepito pasas a ser La MUJER DE Pepito

–          Fulanita la mamá de Peque Mayor pasas a ser La MAMÁ DE Peque Mayor

–          Fulanita la mamá de Peque Menor pasas a ser La MAMÁ De Peque Menor

–          Etc.

Pero hay otros estados de tu vida, en que simplemente eres tú, porque aparte de poder estar en cualquiera de las etapas anteriores, estás, tachán, ¡EMBARAZADA!

Seguro que muchos pensarán que a qué viene un post sobre el estar embarazada. No es un post médico, ni mucho menos, ¡no osaría yo! Sólo quería dejar unos breves comentarios, sobre cómo me he sentido y siento en estos embarazos que me ha tocado vivir en el día, ¡aunque si me descuido, llego tarde, y me quedo sin contarlo!

–          Ese bulto es una tripa de embarazada sí: es impresionante cómo la gente se queda mirando la tripa en unas escaleras mecánicas ya sea del súper, del metro o del aeropuerto… Señores míos, puede ser por admiración o cariño hacia la figura maternal, pero hay otras que son entre lástima e impresión, y éstas últimas no me gustan nada. No es que vaya en plan ostentoso mostrando la tripa a diestro y siniestro, pero tampoco creo que la tenga por qué esconder. ¡Me encanta que se me note!

–          Ese bulto puede explotar, cuanto menos contacto visual mejor: esta mirada en metro, autobuses, consulta del médico (no del ginecólogo, claro está)… se repite una y otra vez. Y la verdad es que me molesta bastante, aunque el grado de cabreo debo confesar que depende mucho de si son las siete y media de la mañana y mi cuerpo recién duchado está fresco para soportar el peso de mis x semanas de embarazo, que si son las cuatro y media  de la tarde y vuelvo tras ocho horas de trabajo con la pierna arrastrando y agotada, así como si veo sentados a ancianos  o veo quinceañeros hasta treintañeros que pasan olímpicamente…

Muchos pensarán que si quiero sentarme pida el sitio pero la verdad es que como por ahora la experiencia de pedirlo no ha sido muy positiva, debe ser que vivo en una ciudad algo egoísta, pues la verdad es que no voy a volver a pasar esa vergüenza salvo que vea que me voy a caer redonda, y si me lo ofrecen bien, y si no pues bien agarradita para no caerme… que aunque de 36 semanas aún puedo mantener mi equilibrio muy dignamente.

–          Ese bulto resta espacio, vamos a adelantar: por no hablar de esos codazos por meterse en el autobús o ascensor de sitios públicos. Debería de ponerme un cartel de por favor, adelanten, si prefiero ir sola que mal acompañada, además así evito virus y toses… que no estoy para cogerlos en este “estado”.

–          Ese bulto no tiene por qué dar prioridad en el súper o sí: aquí, aunque cuando veo embarazadas las trato de recordar las cajas prioritarias, cuando me toca a mí y voy con el Santo lo cierto es que trato de no ir a ellas, porque llegar, ver a la gente y que te miren como “ya viene ésta a molestar con la panza”, pues como que no me apetece. ¿Tanto cuesta una sonrisa sincera? A mí no me molesta si me pongo en una caja especial para embarazadas, discapacitados, etc dejarles pasar puesto que sé que tienen preferencia, no lo entiendo.

–          Ese bulto mermará su capacidad para pensar y gestionar ¿no?: pues lo cierto señores y señoras mías es que no. La naturaleza es sabia, y podemos estar embarazadas, tener hijos, padres, madres, maridos, amigos, jefes, compañeros,… etc. Y no por ello descuidar y olvidar estos últimos por lo primero.

Podemos estar algo más cansadas en algún momento, o algo más activas en otros, pero lo cierto es que no he notado tener una caída neuronal que afecte a mi raciocinio en momento alguno durante mis gestaciones pasadas y presente, pero ya dije que no era un post médico, y esta afirmación no está científicamente contrastada.

Lo que sí que es cierto es que nuestras hormonas están en plena ebullición y que tenemos un ser dentro de nosotros que necesita que en un día de 24 horas hagamos algún que otro parón para retomar el ritmo, los sprints de me levanto a las seis y media de la mañana y no descanso hasta las doce y media de la madrugada, pues como que no, que no son sanos cuando no estamos embarazadas, pues pensemos cuanto menos lo serán cuando una pequeña vida está en nuestro interior.

Pero podemos seguir gestionando nuestras familias, nuestras casas, nuestros empleos, nuestras amistades… aunque es cierto que lo mismo necesitaremos una pequeña colaboración por parte de todos los que nos rodean para poder compatibilizar horarios, momentos, actividades, pero por y para eso vivimos en sociedad y somos seres sociales, ¿no?

–          Ese bulto por tercera vez no habrá sido buscado, estás loca y no sabes lo que haces: esta frase, u otras parecidas, pero con el mismo tonito, la he escuchado un montón. No sé decir el número exacto de veces, pero creo que me harían falta varias manos para poder contarlas. No creo que deba justificar ante nadie si tengo o no tengo hijos. Aunque es cierto que ha habido veces que me ha dolido esa falta de respeto hacia una ilusión, un proyecto de vida propio.

Yo no comparto, quizás, la ilusión por un viaje a las Fidji (¡¡¡y ojo que es una comparación muy superficial un hijo con un viaje!!!) pero si alguien viene y me dice que le hacía ilusión y que ha podido permitirse irse a las Fidji me alegraría por él y no le diría: cuidado con el jetlag porque perderás días por no poder dormir hasta que acoples horarios con tu viaje, cuidado con lo que comes porque claro ya que estás allí aprovecha pero si tomas algo que no te siente bien el viaje se va a resentir, cuidado que te vas a perder la fiesta de pin-pan porque es mientras tienes el viaje… etc. ( podéis intentar sustituir viaje por hijo y es parecido a las gracietas que me han ido haciendo estos meses).

 

Y bueno, aunque me faltan algunas cosillas más, creo que las puestas son suficientes para manifestar, y dentro de un tiempo recordar,  cosas que no me gustaron vivir cuando estuve embarazada y espero no hacer vivir a otras embarazadas cuando esta etapa mía toque a su fin.

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Hay etapas en las que parece que un tema no deja de dar vueltas en tu cabeza y te parece lo más importante del momento. Te descubres a lo largo del día dándole vueltas una y otra vez para ver cómo enfocarlo, plasmarlo, gestionarlo.

Esta última temporada parece que el tema de la conciliación es el que no me abandona. Aunque el asunto empezó ya a gestarse hace muchos meses en mi vida personal ( a raíz de tener a mi segunda peque) ha sido hace unas semanas, bueno, ya más de un mes, cuando unas mamis blogueras se han lanzado a una cruzada más real y global.

Y es en estos momentos en los que me planteo lo complejo que es el asunto. Y lo importante que es para unos y lo poco trascendental que es para otros. Y no entiendo el por qué.

Hemos entrado en una rueda en esta sociedad que vivimos en que parece que aceptamos las cosas tal y como son porque son así y no pueden ser de otra forma. Y eso no es verdad. No podemos afrontar vivir de este modo porque eso no es vivir sino dejarse llevar. Es cierto, que hacer cosas diferentes a la mayoría no siempre se ve bien y no siempre nos gusta ser distintos. Pero en un momento dado hay que decidir la vida que se quiere llevar aunque cueste esfuerzo y sacrificio cambiarla, pero es que con dos grandes palabras hemos topado: esfuerzo y sacrificio.

Son muchos los ejemplos que se me vienen a la cabeza, pero no quiero parecer irrespetuosa con la forma de vivir de la gente, aunque no la comparta.

Yo creo y confío en que la conciliación es parte de la solución para poder vivir mejor con nosotros mismos y nuestras familias. También creo que en muchas empresas se está utilizando ya aunque quizás con otros términos o no reconocida como tal pero existen ciertas facilidades a determinadas personas dentro de las diferentes empresas.

Pero también es cierto que la conciliación debe ir ligada a una responsabilidad de cada uno de nosotros con nuestra vida personal, familiar y laboral.

Creo que sirve de poco luchar por una conciliación a nivel social, si de puertas para adentro de cada casa no existe un reparto de responsabilidades y tareas respecto al día a día de casa, hijos, familia.

Conozco demasiados casos de mujeres con jornadas reducidas que se encargan de casi todas las tareas de su casa, compra, deberes de los hijos, baños, cenas, médicos de los hijos, llantos nocturnos, etc porque por eso trabajan menos horas… menos horas remuneradas pero nada más!  luego les toca llevar sobre sus hombros el peso de un hogar. Y al hablar con ellas, no es fácil hacerles ver que la familia es cosa de dos si convives en pareja y que salvo amamantar a un hijo el resto de tareas son 100% repartibles y no hay ningún gen que nos haga más hábiles que a nuestra pareja para hacerlas nosotras.

Es entonces cuando pienso que la conciliación sin un cambio de mentalidad como individuos, entendiendo y aceptando cuáles son nuestras responsabilidades para con esta sociedad y para con nuestra familia está un poquito más lejos de lo que nos gustaría que estuviese.

No obstante, dicho lo anterior, hay que luchar por conseguir una conciliación real tanto dentro como fuera del hogar por lo que no debemos olvidar el trabajo que está realizando http://www.conciliacionrealya.org/home

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Hay muchas máximas que rodean nuestro día a día, aunque algunas de ellas sólo se nos revelan de vez en cuando. Una de ellas es lo rápido que se pasa el tiempo cuando lo estamos pasando bien y lo lento que va en esos momentos que nos encantaría que desapareciesen.

Al mirar a nuestro alrededor, puede parecer que día tras día todo sigue igual. Las rutinas son las mismas. Pero no es verdad. De pronto esa rutina con un niño de 1 año se ha transformado en otra rutina, una distinta, con un niño de 8 años. Y tú ya no tienes 28 sino 35 años aunque te cueste verte como tal. Y en esos siete años que separan ambas rutinas, han existido miles de días, millares de momentos, que eres casi incapaz de recordar. Pero que ahí han estado, y han hecho que ese niño de 8 años sea como es y este adulto de 35 sea lo que es.

Es complicado vivir. Es difícil ser padre o madre. Pero lo más complejo de todo es ser un padre o madre que tenga la sensación de que realmente está viviendo y no sobreviviendo en este mundo  que nos ha tocado. Un mundo muy global, muy tecnológico, pero en el que a día de hoy parece una misión imposible vivir para disfrutar de cada momento con los tuyos, con esos seres por los que necesitas trabajar y ganar dinero. No querer ser el número uno a costa de no vivir con los tuyos está mal visto. No querer separarte de tu familia a diario para estar en otra ciudad es no tener compromiso con tu trabajo. No creer en un presentismo laboral sino en un trabajo realizado no es aceptado.

Yo quiero ser la número uno en mi casa, para mis hijos y mi marido, y quiero que mi compromiso principal sea para con nuestro proyecto de vida en común, en el que lo importante no es sólo el estar sino el dar el máximo cuando estoy para que cuando no esté ellos sean capaces de seguir construyendo y alcanzando ese proyecto común que los padres hemos comenzado.

Yo quiero ser capaz de conseguir que en mi casa el día a día sea un regalo, sea un conjunto de acciones, obligaciones, deberes y derechos que nos ayuden a todos a crecer como personas y a aprender y disfrutar del día a día. No quiero que cada día suponga un amanecer a regañadientes y una carrera contrarreloj que acabe yéndonos a la cama con la sensación de cuántas cosas pendientes por hacer. Y para eso necesito que conciliar sea una realidad en mi familia, en nuestro núcleo. Y por eso voy a tratar de luchar. Voy a tratar de que ese sentimiento que me inunda con el silencio de la noche se haga poco a poco realidad y permita que dentro de unos años mire hacia atrás y sonría al ver que he conseguido una familia conciliadora. Sé que no va a ser fácil, que va a ser algo tedioso y habrá momentos de bajón, pero seguro que leer estas letras de vez en cuando me permitirá retomar el proyecto que con tanto tesón muchos hemos comenzado. Desearme suerte.

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